Pascal Quignard

Se diría que la escritura son variaciones sobre el misterio del Sábado Santo, un silencio que turba y delimita la extensión de nuestra ignorancia. Al leer, roturamos ese misterio en busca de una solidez oculta bajo el velo de las palabras. Pascal Quignard, el más grande escritor europeo de hoy, bucea entre las sílabas como quien se adentra en una fosa que nos acoge –y nos alumbra– en el seno de una ausencia. Leer es reconocer –escribe en sus Pequeños Tratados (Ed. Sexto Piso)– porque, en la lectura, «el lector descubre lo que él mismo es y lo que no es al revivir una vida que no ha vivido». Quignard piensa en el Mundo Antiguo, en el momento seminal de la literatura. Quignard piensa en los hombres callados que rebuscan bajo una tierra baldía las vasijas rotas de un mundo que ha perdido el sentido.

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Javier Gomá: “Hay que contrarrestar la ideología dominante que consagra al aguafiestas”

En su reciente La imagen de tu vida (Galaxia Gutenberg, 2017), Javier Gomá nos ofrece una sentida reflexión sobre el misterio de la memoria ejemplar y de la vida cumplida como fuente de luz ética. En esta larga y honda entrevista, el filósofo español se adentra en alguno de los temas cruciales de su último libro: el papel de la dignidad y su relación con la muerte, la necesidad del humor inteligente y de una ejemplaridad “limpia y osadamente igualitaria”, el deber de la piedad filial y el ideal cervantino…

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Kipling en la Gran Guerra: literatura y propaganda

El siglo XX se inició bajo el signo de la pujanza germánica. El comunismo aún no había penetrado en Rusia –el triunfo de Lenin sería otra de las consecuencias imprevistas de la Primera Guerra Mundial– y el creciente poder de los Estados Unidos no situaba entre sus prioridades a la esfera europea. El factor impredecible de la Historia acude de inmediato cuando pensamos en la extraña evolución de un siglo que ha sido bautizado justamente como “el siglo de la muerte programada”. En el año 1900 todavía cabía esperar que una paz perpetua prosperara en todo el continente. El Imperio Austrohúngaro, después de tres décadas de fuerte crecimiento económico, seguía conformando el tapiz central de Europa. Alemania carecía de una proyección colonial notable, pero su músculo industrial resultaba indiscutible. La vieja Inglaterra despertaba de la época victoriana como la gran potencia marítima de la época. “Rule Britannia”, cantaban los océanos mientras el suave tedio de una prosperidad moderada cundía entre los países. Ignacio Peyró, en su espléndido prólogo a las Crónicas de Kipling, subraya la plácida atmósfera primaveral de este periodo. «Forma parte del acervo de las desilusiones humanas –escribe– que la Primera Guerra Mundial estallase en una cota nunca vista de optimismo histórico».

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Armando Pego: “La defensa de la conciencia, al modo de John Henry Newman, es decisiva en el momento actual”

xxi-guelfos-armando-pegoProfesor de filosofía y literatura en la Universitat Ramon Llull, “reaccionario a su pesar” como se define en el primer tomo de su Trilogía güelfa (Editorial Vitela), lector matizado y culto, de voz inconfundible, Armando Pego Puigbó ha trazado en estos últimos años, primero desde su blog, Donna mi prega, y, ya en papel, en su Trilogía güelfa –XXI güelfos, Teología güelfa, Memorias de un güelfo desterrado, ed. Vitela-, las líneas maestras de un territorio que se quiere voluntariamente antiguo, no en lo que tiene de baldío ni yermo, sino como humus de futuro. Nueva Revista dialoga con el autor en esta extensa entrevista.

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Arias Maldonado: “No es extraño que el nacionalismo sea xenófobo o el populismo nacionalista”

Foto: Fundación Juan March

Fino observador de la realidad política y ensayista de largo aliento, Manuel Arias Maldonado acaba de publicar un fascinante libro sobre la musculatura emocional de la democracia. Con una mirada culta e incisiva, el autor malagueño reflexiona en La democracia sentimental (Página indómita) sobre las tendencias de fondo que iluminan el debate político contemporáneo. En esta larga conversación con Daniel Capó para Nueva Revista, Manuel Arias Maldonado nos habla del “giro afectivo” de las ciencias sociales, el papel de las nuevas tecnologías o el futuro de la democracia liberal, entre otros muchos temas.

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José Andrés Rojo: “Siempre estamos negociando; nunca somos iguales a nosotros mismos”

Foto: Casa América.

“Es necesario decirle adiós a nuestros muertos –leemos en Camino a Trinidad, el último libro de José Andrés Rojo-. Y consuela saber que algunas cosas pueden seguir vivas”. La buena literatura, por ejemplo, sedimentada en una memoria que se confiesa libre. Ambientada en parte en la Bolivia de Hugo Bánzer, Camino a Trinidad (Pre-Textos) es una excelente novela, sobria y meditativa, que reflexiona sobre el misterioso azar que atraviesa, con sus interrogantes, el sentido de nuestras vidas.

Empecemos por la biografía. Usted es nieto del general Rojo, héroe republicano de la Guerra Civil, a quien le ha dedicado una magna biografía. Al terminar la guerra, su abuelo se exilió, si no recuerdo mal, primero a Argentina y después a Bolivia, donde nace usted en 1958. Quería preguntarle en primer lugar por la sombra de su abuelo en la familia. ¿Qué recuerdos guarda de él y de qué modo su personalidad y su ejemplo conformaban un capítulo del “léxico familiar”?

No guardo recuerdos del general porque no llegué a conocerlo. Regresó a España -estaba ya enfermo y creía que iba a morirse enseguida- en 1957. Aguantó una larga temporada, hasta 1966, unos cuantos años antes de que mi familia se trasladara a Madrid en 1971. Así que no coincidimos nunca. Pero ha estado siempre presente, de la misma manera (imagino) que en tantas otras familias siguen pesando en los hijos y los nietos los abuelos y, de paso, aquella remota Guerra Civil. Esa antigua herida dura quizá un poco más en los que tuvieron que irse y luego volvieron. Como si no pudieran terminar de quitársela de encima. Yo tenía que haber sido boliviano y terminé siendo español. Al final no eres de ninguna parte. El léxico familiar, en nuestro caso, está por eso lleno de lagunas, no hay continuidad. Hay muchas palabras que vienen de lejos y que ya no sabes qué significan. Me embarqué en escribir sobre mi abuelo porque quería entender qué significaba aquello de que, en la guerra, “había cumplido con su deber”. La honradez de su posición nos ha marcado a todos, pero de manera muy distinta.

Fuente: Nueva Revista.

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