De padres a hijos

Si nuestra cultura se asienta sobre los libros, nuestra educación debería hacerlo sobre la lectura. Curiosamente, en este caso, el conocimiento científico no entra en contradicción con la sabiduría de los clásicos: leer nos construye. El famoso informe PISA corrobora que el principal indicador de éxito académico de un alumno es el número de horas que ha pasado leyendo junto a sus padres antes de cumplir los cinco años. Lectura en voz alta, se entiende: de padres a hijos. En su clásico estudio Meaningful Differences, los profesores Betty Hart y Todd R. Risley documentaron los efectos que tenía la lectura en voz alta sobre el vocabulario de los niños, pero también sobre la sintaxis, la comprensión lectora –clave incluso para el aprendizaje de las matemáticas– y la curiosidad. La relación entre el músculo cultural de un país y su tasa lectora obedece a una lógica irrebatible, si pensamos que nuestra inteligencia en gran medida se expresa de forma lingüística. Dicho de otro modo: nuestro pensamiento no son sólo palabras, pero sin palabras no hay pensamiento.

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Uno de nuestros aristócratas

Durante años, Alfredo Pérez Rubalcaba fue el político más odiado de la derecha española. Pasaba por ser el Rasputín del PSOE, una especie de Fouché capaz de alcanzar siempre sus objetivos. Se ha dicho que, gracias a su habilidad, se terminó definitivamente con la ETA –muy  mermada tras los años de Aznar–; pero, como sucede a menudo, acabamos abusando de los superlativos. Fue –creo que nadie puede ponerlo en duda- un eficaz servidor del Estado, un hombre leal a la Corona y al país. Su inteligencia, de rapidez mercurial, se movía tal vez mejor en el plano de la coyuntura –como respuesta a la realidad del momento– que en el largo plazo. Era, como nos recordó el pasado viernes Antonio García Maldonado en este mismo medio, “un político brillante en el escenario, pero aún más determinante entre bambalinas”. Quizás por eso fracasó al frente del PSOE. O quizás no. No en vano la política, como casi todo en la vida, tiene mucho de azaroso.

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‘Anclar al PSOE’

La política se ha convertido cada vez más en una cuestión de guiones que enfatizan un relato de esperanza o de temor, de resentimiento o de solidaridad. Con el mapa ideológico español dividido en dos grandes bloques –o en tres, si incluimos a los nacionalismos–, la derecha optó por subrayar el relato de la cuestión nacional hasta el punto de pretender así arrinconar en el ring al PSOE.

Los estrategas de Pedro Sánchez aprovecharon hábilmente esta coyuntura –y la comprometedora foto de Colón– para alentar el miedo a un hipotético gobierno de Populares y Ciudadanos con la extrema derecha. En este marco narrativo, Podemos quedaba aislado respecto al relato central del bloque izquierdista y ofrecía muestras de debilidad: de la suma de errores que ha cometido durante la legislatura a sus fracturas internas, de su caída en Cataluña –una de sus plazas fuertes– a la imagen de la vida burguesa de Pablo Iglesias e Irene Montero en Galapagar.

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