El consenso, una pasión democrática

Se diría que los hombres solo conocen de verdad aquello que han vivido en primera persona, aunque sus sueños se proyecten hacia un lejano pasado de tintes míticos o hacia un futuro utópico del que únicamente aciertan a percibir sus rasgos más brillantes. En cierto modo, podríamos afirmar que todos somos hijos de la posguerra: un largo periodo de paz y prosperidad que trajo consigo la extensión de las clases medias, un generoso pacto social al que llamamos Estado del bienestar, el final aparente de los nacionalismos y la progresiva cooperación comunitaria desde los ya lejanos Tratados de Roma. Ese continente surgido de la posguerra no puede entenderse sin la gran catástrofe que supuso la primera mitad del siglo XX: dos guerras mundiales, la caída de los imperios, la revolución rusa, el ascenso de los totalitarismos, Weimar y la shoah, los efectos del crac del 29 y la hiperinflación alemana.

LEER ARTÍCULO COMPLETO EN EL MÓN DE DEMÁ

Una belleza vedada

Existe una belleza vedada a nuestros sentidos, oculta tras los muros de los monasterios. Peter Seewald y Regula Freuler le han dedicado un librito, con el título de Los jardines de los monjes (Ed. Elba). Ajenos al mundo, los jardines y los huertos del monasterio sellan un pequeño paraíso donde se refleja un sencillo orden natural que es, a la vez, profundamente humano. Nos recuerda Gregorio Luri, en su tratado sobre el conservadurismo, aquella conocida cita de Horacio Naturam expelles furca, tamen usque recurret sobre el inexorable retorno de la naturaleza a poco que el hombre abandone el cuidado de la tierra. Se diría por tanto que, sin nuestro trabajo, reaparece lo salvaje como un basso ostinato de la existencia. La evolución no sería más que esa lenta pero constante discrepancia de la creación con sus imperfecciones de origen.

LEER ARTÍCULO COMPLETO EN THE OBJECTIVE.