El cronista

Walter Benjamin

Los sueños anuncian las grietas que se abren a nuestro paso. Los sueños son historias rotas, piezas de un puzle por cuyos huecos se trasluce la angustia del presente o los ecos de un deseo sin brida; tal vez, el galope ansioso del futuro. El poeta Jean Paul fue el primero en soñar la muerte de Dios, el asesinato del Creador a manos del hombre. Para el escritor  alemán, fue poco más que una pesadilla en la que se presagiaba el largo silencio de una orfandad cósmica: la ausencia de sentido. Por supuesto, Jean Paul desconocía la letra menuda del futuro, el Gólgota que le esperaba al dios caído. No podía saber que, décadas más tarde, Friedrich Nietzsche anunciaría la buena nueva de la muerte del Dios cristiano; ni que, poco después, antes de morir en la locura, se arrojaría en Turín sobre un caballo, al que su cochero azotaba, y lo abrazaría entre lágrimas. Jean Paul no podía adivinar los Lager alemanes, ni los dibujos que garabateó Zoran Music en los campos de exterminio, ni los gulags soviéticos que diseminaban el miedo como una epidemia mortal, ni los últimos cuartetos desolados que compuso Dmitri Shostakóvich, ni la filosofía banal de Sartre, ni la frivolidad pop elevada a criterio moral. Jean Paul sólo tuvo una pesadilla que anotó la mañana siguiente con la minuciosidad de un registrador. Los sueños anuncian las grietas y el suelo tambaleante, no la semántica del futuro.

Continúa leyendo El cronista

Septiembre de 1909

Septiembre de 1909

En septiembre de 1909, el profesor Sigmund Freud viajó por primera vez a los Estados Unidos. Iba a ofrecer un ciclo de conferencias en un pequeño college llamado Clark University, que celebraba el vigésimo aniversario de su fundación. Lo acompañaban algunos de sus discípulos más cercanos: el suizo Carl Gustav Jung y el húngaro Sándor Ferenczi. Años más tarde, la ruptura de Freud con Jung sería sonada y los conduciría por sendas opuestas. Freud, judío, perdería a buena parte de su familia en el Holocausto. Jung, ario, simpatizaría secretamente con el nazismo. Pero de eso nada se intuía aún en 1909, cuando Europa parecía un lugar seguro y estable, y América un país al que civilizar.

Continúa leyendo Septiembre de 1909

La lección de Eton

Foto: Herry Lawford.

Fue a principios de la década de los treinta cuando el secretario de Estado del Foreign Office -que años más tarde llegaría a primer ministro-, Anthony Eden, se encontró con Adolf Hitler en Berchtesgaden. Allí hablaron de Europa y de la paz pero, sobre todo, de las heridas que la Gran Guerra infligió a Alemania. Para el Führer, la única razón que explicaba la humillante derrota alemana de 1918 era el carácter disciplinado y brillante de las élites militares inglesas, formadas en el mítico College de Eton.

Continúa leyendo La lección de Eton

La tierra amada

Leo a C. Milosz estos días. Su poesía acompaña el color de una luz que profundiza los primeros tonos ocres del otoño. En uno de sus poemas, aparece un hombre viejo, despectivo, de corazón negro, que se sorprende al descubrir que ya no es joven y que el mundo –su mundo– empieza a escapársele de las manos. Habla y preferiría no hablar, sino entender aquello que ya no entiende.  Ha conocido el deseo y el amor, aunque de las pasiones humanas no obtuvo nada bueno. Persiguió saber cómo funciona la precisa relojería de la vida y el tiempo, “pero el mundo iba más rápido que él. / Y ahora sólo ve ilusiones”. Y escucha voces: las voces del pasado y el ruido de su época que le rodea, incesante, a “él, que una vez quiso conocer su pobre vida”.

Continúa leyendo La tierra amada