Ferran Caballero: “En España lo débil no es la democracia, sino el Estado”

La pregunta por Maquiavelo es la pregunta por la realidad en su relación con el poder. El joven filósofo catalán Ferran Caballero ha intentado actualizar los viejos consejos del maestro florentino en un libro titulado precisamente “Maquiavelo para el siglo XXI” (Ariel).  Con su autor dialoga Daniel Capó en esta larga entrevista que trata del momento político y del valor imperecedero de los clásicos.

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Por qué amamos las biografías

La literatura – escribe Valentí Puig en lo que va de siglo – puede representar sentido, memoria, belleza, una ilusión de tiempo, un modo de conocimiento, una pasión por la experiencia y, a la vez, una crítica de la vida, en invierno y en verano”. En estas palabras del escritor mallorquín se resume buena parte de la arquitectura espiritual de Occidente: el sustrato cultural que aglutina el pasado con el futuro, la ejemplaridad con el resorte ético. Enfrente, el manierismo de las corrientes críticas, el sofisma postmoderno que niega a lo real cualquier rescoldo de verdad.

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Las flores

Con la llegada de la primavera, la naturaleza recupera su pulso. Es una especie de rito iniciático que se repite todos los años: el despertar de las flores, los campos cubiertos de hierba, el día que se alarga, el cambio de estación… Ya en la Antigüedad, Horacio celebraba en sus Odas la belleza de este momento: «Compañeras de la primavera, / las brisas tracias, que calman el mar, / hinchan las velas; ya no están helados / los campos, ni resuenan los ríos engrosados / por la nieve invernal». Se trata, por supuesto, de una alegría efímera, breve, que fluye como el agua primera de la mañana: «Déjate, sin embargo, de tardanzas / y de afanes de lucro; / recuerda el fuego negro de la pira mortuoria / y, mientras puedas, mezcla tu buen juicio / con algo de locura: en su momento es bueno delirar», canta el poeta latino. Son versos clásicos que podrían haberse escrito hoy mismo y que apelan al ímpetu de un vigor que sabemos condenado a no perdurar.

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Pascal Quignard

Se diría que la escritura son variaciones sobre el misterio del Sábado Santo, un silencio que turba y delimita la extensión de nuestra ignorancia. Al leer, roturamos ese misterio en busca de una solidez oculta bajo el velo de las palabras. Pascal Quignard, el más grande escritor europeo de hoy, bucea entre las sílabas como quien se adentra en una fosa que nos acoge –y nos alumbra– en el seno de una ausencia. Leer es reconocer –escribe en sus Pequeños Tratados (Ed. Sexto Piso)– porque, en la lectura, «el lector descubre lo que él mismo es y lo que no es al revivir una vida que no ha vivido». Quignard piensa en el Mundo Antiguo, en el momento seminal de la literatura. Quignard piensa en los hombres callados que rebuscan bajo una tierra baldía las vasijas rotas de un mundo que ha perdido el sentido.

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Javier Gomá: “Hay que contrarrestar la ideología dominante que consagra al aguafiestas”

En su reciente La imagen de tu vida (Galaxia Gutenberg, 2017), Javier Gomá nos ofrece una sentida reflexión sobre el misterio de la memoria ejemplar y de la vida cumplida como fuente de luz ética. En esta larga y honda entrevista, el filósofo español se adentra en alguno de los temas cruciales de su último libro: el papel de la dignidad y su relación con la muerte, la necesidad del humor inteligente y de una ejemplaridad “limpia y osadamente igualitaria”, el deber de la piedad filial y el ideal cervantino…

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Kipling en la Gran Guerra: literatura y propaganda

El siglo XX se inició bajo el signo de la pujanza germánica. El comunismo aún no había penetrado en Rusia –el triunfo de Lenin sería otra de las consecuencias imprevistas de la Primera Guerra Mundial– y el creciente poder de los Estados Unidos no situaba entre sus prioridades a la esfera europea. El factor impredecible de la Historia acude de inmediato cuando pensamos en la extraña evolución de un siglo que ha sido bautizado justamente como “el siglo de la muerte programada”. En el año 1900 todavía cabía esperar que una paz perpetua prosperara en todo el continente. El Imperio Austrohúngaro, después de tres décadas de fuerte crecimiento económico, seguía conformando el tapiz central de Europa. Alemania carecía de una proyección colonial notable, pero su músculo industrial resultaba indiscutible. La vieja Inglaterra despertaba de la época victoriana como la gran potencia marítima de la época. “Rule Britannia”, cantaban los océanos mientras el suave tedio de una prosperidad moderada cundía entre los países. Ignacio Peyró, en su espléndido prólogo a las Crónicas de Kipling, subraya la plácida atmósfera primaveral de este periodo. «Forma parte del acervo de las desilusiones humanas –escribe– que la Primera Guerra Mundial estallase en una cota nunca vista de optimismo histórico».

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