Reyes sin reino

Foto: ABC

La literatura de José Carlos Llop (Palma, 1956) se sustenta sobre la mirada de la memoria. Desde su ya lejano El informe Stein (1995), una Bildung mediterránea con aires de Godard, a su apocalíptico y profético El mensajero de Argel (2005), sin olvidar, por supuesto, esa piedra miliar que dedicó a Palma con el título de En la ciudad sumergida (2010) –sin duda uno de los mejores libros que se han escrito en España sobre el alma de una ciudad–, la obra narrativa del autor mallorquín se articula sobre un doble eje: la dolorosa conciencia de la imperfección de la vida y la necesidad de la escritura para otorgarle algún tipo de sentido y de unidad.

Continúa leyendo Reyes sin reino

Una historia real

La historia de la Navidad es la historia de un conflicto entre reyes. Aparecen al menos dos en el relato de Mateo. Por una parte, tenemos a Herodes el Grande, que personifica la lógica humana del poder y la dominación. Por otra, encontramos a un niño con el nombre de Yeshúa o Jesús, a quien el evangelista presenta como el Mesías anunciado por los profetas de Israel. Al contrario que los reyes terrenales, este niño no nace en un palacio ni crece en la corte, sino que su vida transcurre en una casa humilde –al principio quizá en Belén, como parece indicar la narración de Mateo, y más tarde en Nazaret–. Es hijo putativo de un obrero de la construcción, aunque de linaje davídico, llamado José y de una muchacha llamada María.

Continúa leyendo Una historia real

La teología de la liberación: ayer y hoy

A principios del siglo XX, el abuelo del poeta José Watanabe emigró de Japón a Perú para trabajar como bracero en uno de los latifundios del país. Era un hombre minucioso, espiritual, tímido y reservado, con una marcada vocación artística. Pronto dejó el campo y empezó a pintar pequeñas piezas religiosas que le encargaban en las parroquias del lugar o en algunos conventos de frailes y monjas. Era una pintura impregnada de un silencio casi oriental, pero que no acababa de convencer a los clérigos. Les disgustaba su excesiva frialdad y echaban en falta el patetismo del dolor. ¿Por qué tanto silencio?, inquirían sorprendidos aquellos religiosos, demasiado acostumbrados al estilo gesticulante del Barroco español. Y entonces, al viejo Watanabe, no le quedaba más remedio que aceptar a regañadientes la crítica y terminar manchando de sangre las figuras, aunque de fondo permanecía una cuestión inquietante: ¿por qué calla Dios? ¿Por qué permanece indiferente ante el sufrimiento del mundo? Medio siglo más tarde, la Teología de la Liberación surgió precisamente en Latinoamérica para intentar dar respuesta a este silencio; desde un planteamiento, eso sí, muy distinto al europeo.

Continúa leyendo La teología de la liberación: ayer y hoy

La diplomacia de la eternidad

Foto: Getty Images

En la primera mitad del siglo XIX, Alexis de Tocqueville intuyó que el carácter y la cultura de los pueblos priman sobre la calidad de sus instituciones. Se trata, por supuesto, de una hipótesis discutible –Daron Acemoglu y James A. Robinson la refutaron recientemente en su aclamado estudio Por qué fracasan los países–, pero que merece ser ponderada en el caso concreto de la política exterior del Vaticano, último Estado absolutista de Europa. Esa singularidad –el papa, además de líder espiritual de millones de cristianos, reina como monarca absoluto– nos obliga a prestar una especial atención a la  personalidad de cada uno de los sucesores de Pedro. Ni Benedicto XVI fue Juan Pablo II, a pesar de la evidente sintonía entre ambos, ni Francisco supone una ruptura radical con sus predecesores, como podría deducirse de una apresurada lectura mediática de su figura. La realidad es que, si bien la diplomacia vaticana se rige por un arco temporal muy distinto en amplitud al de la mayoría de países democráticos, el particular temperamento e idiosincrasia de los papas desempeña un papel muy relevante en la orientación que adoptará. Al famoso axioma según el cual “la Iglesia piensa en siglos”, cabe añadir que los principales movimientos en el tablero internacional los inspira el propio pontífice. Él es el primer diplomático del catolicismo. En teoría, también su mejor embajador.

Continúa leyendo La diplomacia de la eternidad

Tender puentes

Foto: AFP

La revolución franciscana ha supuesto una mayor gradualidad en el uso de las varas de medir. Las palabras gruesas y las acusaciones fuertes se reservan para el capitalismo global, los intereses de las multinacionales y el juego de los poderosos. Según Francisco la ambición desmesurada de dinero constituye el “estiércol del diablo”: un ídolo imponente que se alza contra la paz universal entre los pueblos. En cambio, con las dictaduras, los regímenes teocráticos o las llamadas “democracias autoritarias”, el Papa evita la confrontación directa y utiliza un lenguaje mucho más suave. Sandro Magister, vaticanista de L’Espresso, ha subrayado con evidente malestar este doble rasero del Papa. En China, por ejemplo, el Vaticano ha optado por un acercamiento blando a pesar de la falta de libertad y el encarcelamiento de obispos católicos. O en Venezuela, pese a la peligrosa deriva populista. “Impresiona también –observa cáustico Magister– el silencio de Francisco respecto a Cuba”. La Historia, sin embargo, transcurre a menudo por caminos empedrado de paradojas. Y no debemos olvidar que la isla caribeña representa el primer gran éxito diplomático del pontífice argentino.

Continúa leyendo Tender puentes