Uno de nuestros aristócratas

Durante años, Alfredo Pérez Rubalcaba fue el político más odiado de la derecha española. Pasaba por ser el Rasputín del PSOE, una especie de Fouché capaz de alcanzar siempre sus objetivos. Se ha dicho que, gracias a su habilidad, se terminó definitivamente con la ETA –muy  mermada tras los años de Aznar–; pero, como sucede a menudo, acabamos abusando de los superlativos. Fue –creo que nadie puede ponerlo en duda- un eficaz servidor del Estado, un hombre leal a la Corona y al país. Su inteligencia, de rapidez mercurial, se movía tal vez mejor en el plano de la coyuntura –como respuesta a la realidad del momento– que en el largo plazo. Era, como nos recordó el pasado viernes Antonio García Maldonado en este mismo medio, “un político brillante en el escenario, pero aún más determinante entre bambalinas”. Quizás por eso fracasó al frente del PSOE. O quizás no. No en vano la política, como casi todo en la vida, tiene mucho de azaroso.

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‘Anclar al PSOE’

La política se ha convertido cada vez más en una cuestión de guiones que enfatizan un relato de esperanza o de temor, de resentimiento o de solidaridad. Con el mapa ideológico español dividido en dos grandes bloques –o en tres, si incluimos a los nacionalismos–, la derecha optó por subrayar el relato de la cuestión nacional hasta el punto de pretender así arrinconar en el ring al PSOE.

Los estrategas de Pedro Sánchez aprovecharon hábilmente esta coyuntura –y la comprometedora foto de Colón– para alentar el miedo a un hipotético gobierno de Populares y Ciudadanos con la extrema derecha. En este marco narrativo, Podemos quedaba aislado respecto al relato central del bloque izquierdista y ofrecía muestras de debilidad: de la suma de errores que ha cometido durante la legislatura a sus fracturas internas, de su caída en Cataluña –una de sus plazas fuertes– a la imagen de la vida burguesa de Pablo Iglesias e Irene Montero en Galapagar.

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La edad de la ansiedad

En 1948, el poeta inglés W. H. Auden publicó un largo poema titulado The Age of Anxiety, que le valió el premio Pulitzer. El mundo salía de una guerra mundial y se abocaba a la Guerra Fría, con Europa dividida en dos mitades. La inicial era de la ansiedad fue una época de inquietud ante el creciente poder del comunismo y la amenaza real de un conflicto atómico entre la URSS y los Estados Unidos. Desde entonces, la historia ha cambiado, y también muchos de los valores imperantes, pero no esa especie de trasfondo psicosomático que mueve a las masas: el resentimiento por un lado y el miedo por el otro. Pensemos en estos últimos años, siempre al borde del abismo, ya fuera por la llegada de una pandemia viral, del colapso de la banca, del bréxit y la victoria de Trump, de las mareas migratorias, el terrorismo internacional, el ascenso de los populismos, la ruptura de los países, la crisis de las clases medias…

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