En su último número, la revista norteamericana The Atlantic anunciaba el fin de la era de la lectura. Sería el reverso exacto de aquel famoso episodio de las Confesiones de san Agustín en el que, ante un dilema existencial, el santo africano escucha una voz que le ordena: «Tolle, lege» (toma y lee). Más de mil quinientos años después, esa textura intelectual y cultural desaparece por el sumidero de la tecnología: los libros retroceden, la atención se fragmenta, los estudiantes ya no soportan una novela entera y la inteligencia artificial nos libra incluso del esfuerzo de escribir. La biblioteca de Alejandría serviría como imagen inaugural del ensayo, aunque esta vez ya no arderán los libros. Lo que se ha perdido es el amor que nace de una paciencia atenta. Amar, nos dijo también Agustín, es un «escuchar verdadero».
La edad de la lectura

Daniel Capó
Casado y padre de dos hijos, vivo en Mallorca, aunque he residido en muchos otros lugares. Estudié la carrera de Derecho y pensé en ser diplomático, pero me he terminado dedicando al mundo de los libros y del periodismo.




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