Angélica o demoníaca, la figura del filósofo danés Søren Kierkegaard (1813-1855) se mueve constantemente entre polos antagónicos: entre la vida y la muerte, entre la religiosidad y el escepticismo, entre la esperanza y la desesperación. Eso sucede incluso en su relación con la cultura española. Recordemos a un escritor fundamental en nuestra literatura del siglo XX: el bilbaíno Miguel de Unamuno, de quien se dice que aprendió danés para poder leer en su idioma original a Kierkegaard. Ambos compartían temas y preocupaciones: de los dilemas de un existencialismo avant la lettre al rol del cristianismo en una sociedad definida por una fe rigorista pero descafeinada -o quizás incluso por la muerte de Dios-.
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