2022: síntomas de debilidad

por | Ene 11, 2022 | Política | 0 Comentarios

Entramos en 2022 con el frente ruso encendido –tropas amenazando en la frontera con Ucrania, revueltas populares en Kazajastán– y con los Estados Unidos inmersos en sus conflictos de identidad. Quizás nunca haya existido una sola América –aunque muchos así lo creímos durante un tiempo– y quizás sólo se unifica, como sucede con tantas otras naciones, cuando un enemigo exterior –real o ficticio– desafía el orgullo patrio. Las guerras –y el miedo– unen más que las leyes y las instituciones, como sabemos desde bien antiguo. La decepción hacia Joe Biden crece en la misma medida que la guerra cultural, promovida por una incesanteespiral de acción-reacción, sin que asome ningún puerto de llegada, ningún punto de conexión que permita recuperar los mitos comunes o construir otros nuevos. La paz civil depende de ello, a no ser que nos creamos que el fin último de la guerra cultural –arrumbar lo antiguo, deshacer nuestro patrimonio– es alcanzable y que, por tanto, asistimos sencillamente a un doloroso proceso de sustitución, como ha sucedido tantas veces a lo largo de la historia. Quizás sea así –¿por qué no?–, aunque será mucho más lo que se va a perder en este camino. La decepción con Biden crece porque la hidra de la desconfianza se ha asentado en las sociedades modernas y la incapacidad de la política por poner remedio a los problemas globales se ha intensificado. No podía ocurrir de otro modo, ya que la naturaleza de los problemas que vivimos pertenecen a dinámicas que difícilmente caen ya dentro del control de los hombres, como corresponde al papel mítico de los titanes: la disrupción tecnológica y la llegada del panhumanismo, la globalización y el surgimiento de metaversos. Por supuesto, en un páramo como este, crece la ira; crece la ira y un fanatismo alimentado por el miedo.

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Daniel Capó

Daniel Capó

Casado y padre de dos hijos, vivo en Mallorca, aunque he residido en muchos otros lugares. Estudié la carrera de Derecho y pensé en ser diplomático, pero me he terminado dedicando al mundo de los libros y del periodismo.

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