Recuerda que fuiste esclavo

por | Ene 18, 2021 | Literaria | 0 Comentarios

Se diría que a la fe se llega a través de la carne, puesto que, frente a la tentación gnóstica, tan presente a través de los siglos, el cristianismo se ha mantenido fiel a la materialidad de su credo. Fue la carne crucificada la que redimió a la Creación y el Dios hecho Niño quiso ser colocado en el comedero de un establo para que, de este modo, «toda carne viera la salvación de Dios». Según el salmo, «el abismo llama al abismo», lo que nos habla también de la memoria del sufrimiento. El monje noruego Erik Varden tenía nueve o diez años cuando descubrió por vez primera el clamor callado de la carne lacerada. Su padre, un veterinario rural, se aprestó a ayudar a un granjero en la siega. Era verano y el sol ardía sobre los campos de avena. El granjero trabajaba con el torso descubierto, sudando copiosamente. Su espalda estaba cubierta de cicatrices, testimonios de la sangre vertida. Nadie hablaba de ello en el pueblo, pero aquel hombre había sido salvajemente torturado por los alemanes durante la guerra. «Fue como si el dolor del mundo –escribe Varden en The shattering of Loneliness– hubiera penetrado a través de aquellas cicatrices en mi bien resguardado universo». Con su silencio, la carne se había impuesto al niño al igual que la realidad, una realidad que no admite lecturas idealizadas.

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Daniel Capó

Daniel Capó

Casado y padre de dos hijos, vivo en Mallorca, aunque he residido en muchos otros lugares. Estudié la carrera de Derecho y pensé en ser diplomático, pero me he terminado dedicando al mundo de los libros y del periodismo.

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