Leo estos días festivos a García M. Colombás, monje mallorquín, historiador de la tradición benedictina. Siguiendo las huellas de aquel misterioso hombre al que llamamos Benito, Colombás dedica un largo capítulo al papa Gregorio Magno y se refiere a las cuatro preguntas que se hacía: dónde estabas, dónde estarás, dónde estás y dónde no estás. Eran cuestiones dramáticas en aquel siglo en que los lombardos asediaban las puertas de Roma. «En esta ciudad –escribe san Gregorio–, hemos visto las murallas destruidas, las casas derrumbadas y las iglesias demolidas por el huracán, y caerse los monumentos irresistiblemente arruinados, como exhaustos de tanta antigüedad». Fue un tiempo apocalíptico. Se sabe que Gregorio no deseaba ser papa, aunque asumió con fuerza su deber. Era un gran reformador, un hombre incansable que juzgaba su trabajo con estas cuatro preguntas y sus correspondientes respuestas: estábamos en el error y estaremos en el infierno si perseveramos en la confusión, estamos en la miseria y no dónde deberíamos si hubiésemos hecho las cosas bien.
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