Vidas ocultas

Cuenta Gregorio Magno que san Benito, tras el intento de envenenamiento que sufrió en Vicovaro, decidió retirarse a la soledad del yermo y llevar una vida oculta. Deseaba “habitar consigo” y encontrarse a sí mismo en el seno de su intimidad. Se trata de un impulso muy antiguo, que hallamos en todas las culturas y religiones. El mundo ofrece el reino de los sentidos, al igual que la política –y el poder– ofrece el dominio de la mentira, pero es en la vida recogida donde se transparenta una realidad más honda y también más alta. En su maravilloso ensayo Lost in Thought. The Hidden Pleasures of an Intellectual Life, Zena Hitz, profesora del St. John’s College, reflexiona sobre el evidente arco de tensión que se tiende entre lo social y lo personal, entre lo externo y lo interno, entre la gravedad acuciante del tiempo y las verdades últimas.  

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