Los libros que no he leído | Luis Torras

Los libros que no he leído | Luis Torras

¿Qué libro que no he leído me ha influido más?

Mi buen amigo Dani Capó me invita con su educación y generosidad habitual a escribir sobre algún libro que, sin haberlo leído, me haya marcado especialmente. Vaya que repase mi anti-biblioteca (Taleb dixit): esos libros no leídos (por diversos motivos), y que seguramente ya no leeremos nunca, pero que están allí, algunos incluso ejerciendo una importante influencia pese a no estar leídos. En mi caso me doy cuenta de que mi libro no leído coincide con el que (seguramente) más me haya marcado. Hablo de La acción humana, el completo tratado de economía lógica de Ludwig von Mises, pensador de cabecera junto con Tocqueville, Hayek Popper.

La Acción Humana es para mi un libro varias veces trasteado y citado, siempre presente, pero no leído (ni siquiera un poco). Es de los primeros libros que recuerdo haber visto en las estanterías del salón, otros que recuerdo son Rebelión en la Granja o La increíble máquina de hacer pan, libros, también, no leídos. De pequeño, recuerdo haber asomado la nariz entre las raídas páginas de un ejemplar de la tercera edición en castellano de La acción humana, de 1966, con traducción de Joaquín Reig hundido en el sillón de lectura de mi padre. En inglés, la primera edición fue en 1949, luego ampliada en 1963, ambas editadas por Yale University Press, y que también corren por algún rincón de la biblioteca del despacho familiar.

Esa edición en castellano tenía una llamativa portada azul eléctrico, de estética sesentera. Era un libro que recuerdo  muy arrugado tras varias lecturas e infinitas consultas tanto por parte de mi abuelo, Dr. Juan Torras Trías (DEP), con su subrayado en lápiz (como el mío) de pulso trémulo propio de aquellas personas que naciendo zurdas se les forzó a escribir con la derecha, y por mi padre, Dr. Juan Torras Gómez, trabajando el texto siempre con marcador amarillo. Pensé que esta manera de trabajar los libros por parte de la familia se asemejaba a un lápiz de memoria, ciertamente rupestre, pero que, llegado el momento, me permitiría acceder algunas trazas del pensamiento de mi estirpe cuando ellos no estuvieran. No hace mucho empecé una conferencia sobre la complejísima idea de valor con una referencia a Jaime Balmes a la que llegue por serendipia pasando las páginas de un volumen con sus obras completas trabajadas por mi abuelo.

Más adelante, creo que en mi decimocuarto cumpleaños (quizás algo antes, o algo después), mi padre me regaló mi propio ejemplar del libro de Mies. Obviamente el libro fue directo al estante. Llegó demasiado pronto aunque para entonces ya era consciente de la importancia de la opus magna de Mises. En todo caso, no hizo falta leerlo mucho. Desde hacia algunos años antes, y definitivamente durante los años siguientes, poco a poco y sin darme cuenta el grueso de las enseñanzas de Mises sobre la libertad, la propiedad y la paz y en contra toda forma de totalitarismo se me fueron inculcando por tradición oral por mi padre, y también por mi abuelo cuando veíamos el Tour de Francia. Para él Mises era un pensador de referencia junto con F.A. Hayek, M. N. Rothbard W. Röpke con quienes había coincidió en los 70s y 80s en la Mont Pelerin.

La importancia del método en las ciencias sociales, la fuerza creativa e inventiva, descubridora, de la acción humana, el carácter dinámico de los procesos de mercado, o como el orden capitalista tenía que ver más con la cooperación voluntaria que con la competencia, entre otras muchas ideas como las más sofisticadas sobre el dinero, el crédito, la imposibilidad del cálculo económico en ausencia de libertad o la importancia vital del ahorro en una sociedad libre, son algunas de las ideas que ahora recuerdo de aquellos primeros años de formación oral.

Mi otra gran fuente de conocimiento indirecto sobre el grueso de la teoría misiana (que finalmente me previno de leer directamente el libro) fueron las obras del profesor Jesús Huerta de Soto, con quién guardo una deuda intelectual impagable. Leí su estudio preliminar de La acción humana y luego prácticamente todos sus libros y ensayos, además de asistir algunos de sus seminarios sobre economía en Madrid. Especialmente relevantes fueron Socialismo, función empresarial y cálculo económico y Dinero, crédito bancario y ciclos económicos, los dos profundamente anclados en la obra de Mises.

Justificado el por qué de la no lectura, quizás tocaría hablar un poco sobre el porqué de esta influencia del libro de Mises que se incluye tanto el fondo como la forma.

El pensador de Viena fue un intelectual extremadamente lúcido y solvente. Supo anticipar, antes que nadie, el colapso de la Unión Soviética. Su tratado Socialismo es de 1922, escrito en vida de Lenin; sin duda el tratado teórico más completo sobre porqué un sistema de planificación económica y social no puede funcionar. Hace tan solo unos pocos años, un neomarxista como Paul Mason, es su libro crítico con el capitalismo Poscapitalismo – donde defiende el fin del del sistema actual– subrayaba con vehemencia que la alternativa no será en ningún caso un sistema socialista ya que es una imposibilidad científica como demostró  en su día Ludwig von Mises haciendo referencia al debate del cálculo económico.

Antes, en 1912, con tan sólo 31 años, publica The Theory of Money and Credit, donde apoyado en sus dos principales maestros Carl Menger y Eugen von Böhm-Bawrk (uno de los pocos economistas que aparecen en un billete) sienta las bases de la teoría monetaria moderna estableciendo por primera vez su teorema de regresión del dinero. Un marco conceptual completo que integra la teoría del capital y del interés y una visión dinámica de la economía lejos de modelos estocásticos y agregados, común en toda la Escuela de Viena.

La enseñanza principal no leídas de Mises, desarrollada en otros libros no leídos pero  igualmente influyentes (como Teoría e Historia), y sistematizada brillantemente en La acción humana, es referente al método de las ciencias sociales, una importancia que se hace visible incluso el mismo título escogido para su tratado. En suma, Mises explicó de forma íntegra y minuciosamente fundamentada como la economía no iba de optimizar, ni de buscar equilibrios, ni siquiera va de recursos escasos: la economía trata de personas que se relacionan, se coordinan, compiten entre ellas, toman decisiones, se equivocan (el error existe), aprenden, compran, ahorran (el ahorro existe y es fundamental), viajan, invierten, leen, piensan, comercian, cambian de opinión (integra la variable tiempo), descubren cosas nuevas, transforman su entorno y sobretodo crean cosas nuevas (muchas veces de la nada, ex novo). El hombre actúa: utiliza medios tangibles e intangibles a su alcance para perseguir fines, de forma cambiante y siempre de forma subjetiva.

Hablar de expectativas racionales y tratar de uniformizar y agregar el comportamiento de las personas tiene poco sentido (y desde luego arroja unos resultados tremendamente pobres): dejarlo todo e irse a Calcuta ayudar a los pobres, por ejemplo, puede parecer irracional para muchos pero no desde luego para Santa Teresa. Cada ser humano es único e irrepetible y el conjunto forma un sistema complejo que no es simplemente la suma de las partes (Hayek, discípulo aventajado de Mises hablará luego del orden extenso).

Mises incide en toda su obra que la Economía no puede pretender construir su corpus teórico de espaldas a la realidad sino que necesita de una visión holística en contraposición al dualismo artificial que muchas veces pretende diferenciar entre acción egoísta y altruista. Un planteamiento construido sin tener en cuenta el carácter subjetivo de la acción del hombre, –presente solo en el individualismo metodológico– , donde las acciones de uno no están en conflicto con las de los demás sino que tienen que necesariamente disciplinarse a las acciones de los demás en un proceso de coordinación continuada al que a veces nos referimos como proceso de mercado.

Mi admiración por Mises también resulta de los valores que marcaron su vida. Igual que sucede con otros de esa brillante pero truncada generación de intelectuales de Viena (en la que podemos incluir desde Stefan Zweig hasta Ludwig Wittgenstein), las obras de Mises no pueden leerse sin entender su contexto. Mises vivirá en primera persona las tres grandes tragedias que arrasarán el mundo durante el siglo XX: nacionalismo, nazismo y comunismo.

De joven, vió como los estragos del nacionalismo acababan con su patria. Combatió con valentía como capitán de artillería en el ejército Austríaco durante la Primera Guerra Mundial, sufriendo en primera persona los horrores de la guerra. Otros vieneses ilustres como Hayek, socialista en su juventud, y su primo segundo, luego igualmente célebre, Ludwig Wittgenstein, también sufrirán en propia carne los horrores de la Gran Guerra combatiendo en el frente italiano como soldados rasos. Durante el periodo de entre guerras, Mises será implacable en su crítica al auge del nazismo que tan vilmente sedujo a una parte muy importante de sus contemporáneos. Pese a la contemporización de la sociedad austríaca, Mises escribirá públicamente contra Hitler hasta su huida definitiva del país lo que le valió no pocos problemas. En marzo de 1938, Hitler envió a su lugarteniente Himmler a Viena, una avanzadilla de la Gestapo, para sofocar definitivamente las pocas voces que aún se levantaban contra el Führer.

Los nazis visitarán ese mes de marzo el piso de Mises donde requisarán 20 cajas de libros, papeles y documentos y a quién requisaran sus bienes y congelaran sus fuentes de ingreso (lo explica muy bien Jörg Guido Hülsmann en una biografía deliciosa). Mises empezaba así su periplo por Europa huyendo del fanatismo nacionalsocialista como tantos otros, liberales y socialdemócratas, hasta llegar finalmente a Nueva York.

Además de su probada valentía a la hora de defender lo que consideraba correcto en las situaciones más adversas, Mises fue persona comprometida con la verdad científica. Supo moverse en el firme terreno que delimita saber que la verdad existe y al mismo tiempo ser  consciente de las limitaciones epistemológicas (y de todo tipo del hombre) que hacen que esta verdad, como luego señalara Popper, sea siempre sospechosa, provisional.

La obra y vida de Ludwig von Mises estará especialmente marcada por este compromiso tan íntimo con la búsqueda de la verdad lo que le exigirá en no pocas ocasiones mostrar un gran coraje intelectual y una moral inquebrantable. Mises nunca se dejó tentar por la fama fácil propia del intelectual capaz de articular propuestas espectaculares pero irrealizables, cargadas de falsas expectativas que conducen irremediablemente a la servidumbre de la inflación, los impuestos o regulaciones superfluas y excesivas. Mises fue un Howark Roark –que en la gran pantalla solo podía ser Gary Cooper– de carne y hueso. Escribir estas líneas me esta sirviendo para motivarme y, quién sabe, sí por fin, leer de forma completa La Acción Humana.

Luis Torras es consultor y analista financiero.

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