Habla memoria

por | Ene 29, 2018 | Literaria | 0 Comentarios

Los escudos de armas y las banderas forman parte de un mundo misterioso, cuyos efectos simbólicos trascienden su funcionalidad inmediata. Su origen –nos cuenta Bartomeu Bestard en L’escut del Rei– sería medieval, como consecuencia de una necesidad militar: en el fragor de la batalla, los soldados tenían que localizar a su señor. A partir del siglo XI, «no es trigarà a veure –escribe Bestard– com antics i nous emblemes es comencen a col·locar en els escuts dels cavallers i en les gualdrapes dels seus cavalls. […] En principi aquests emblemes seran únics i irrepetibles per a cadascún dels cavallers però, en poc temps, aquests símbols no trigaran a heretar-se, convertint-se així en emblema familiar o de llinatge.»

Si toda cultura es antigua, necesitamos saber interpretar los símbolos del pasado para entender el presente. O al menos no vivir de espaldas a ellos, como si el futuro a su vez no dependiera del presente y del pasado. Y esto es lo que precisamente ha hecho Bartomeu Bestard, cronista de la ciudad de Palma, en este libro de reciente aparición, L’escut del Rei: dejar hablar a la memoria –ese principio de toda verdad, según nos enseñó Nabokov–, depurada por el conocimiento documental, a fin de iluminar la historia heráldica de la Casa Real de Mallorca. De la tribarrada a la cuatribarrada del antiguo escudo de la Universidad a la actual confusión de banderas, fruto de tantos errores y mixtificaciones, el ensayo de Bestard se lee con la amenidad de un buen relato y la fascinación por el redescubrimiento de nuestro pasado. De fondo, la historia misma de la humanidad –la guerra, el poder, la traición, la lealtad y el deseo–, cifrada en las vicisitudes de un pequeño reino. El mundo medieval llegaba a su fin y surgía una nueva forma de modernidad, pero las lecciones siguen ahí presentes: la memoria y el olvido, por ejemplo. Y la cultura –en este caso, heráldica y vexilológica– como testimonio del tiempo, de la belleza y del dolor.

Daniel Capó

Daniel Capó

Casado y padre de dos hijos, vivo en Mallorca, aunque he residido en muchos otros lugares. Estudié la carrera de Derecho y pensé en ser diplomático, pero me he terminado dedicando al mundo de los libros y del periodismo.

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