Sobre Ramón Gaya

Foto: Juan Ballester

Sospecho que cuando la pintura de Gaya quede relegada a la condición de un minor español –gran minor, pero menor al fin y al cabo-, sus ensayos seguirán siendo leídos con admiración. Los ya clásicos, como su Velázquez, pájaro solitario, continúan siendo la obra de referencia para comprender la pintura del sevillano. Uno admira todavía más El sentimiento del pintura con su tríptico sobre la desesperación, la santidad y el silencio del arte; conceptos que anudan el pensamiento de Gaya con la noción de lo sagrado. Sin lo sagrado – y su relación con el hombre -no se puede entender a Gaya.

¿Qué es lo sagrado en el arte? El sentido de la filiación, esto es: el sometimiento del arte a la realidad. El arte, de algún modo, desvela lo sagrado, pero no lo crea y en este sentido lo que hace es responder a una llamada – permanecer a la escucha. De ahí que leamos en El sentimiento de la pintura: “El creador no aspira a la palabra, es decir, al arte, a la obra, sino al silencio; claro que a un silencio vivo, a un silencio de vida, no de muerte, ni siquiera mudo, sino comunicante, a semejanza, quizá, del mismo silencio de Dios.”; que se contrapone con el arte pasional, con la idea del creador: “En arte elogiamos mucho la pasión. Pero la pasión sirve para que se salve el arte pequeño; el arte grande no se salva nunca por la pasión, sino por la fe. La fe, esa especie de frialdad. En arte, toda lujuria debe ser pasado […]. Claro que la desesperación, la falta de fe, nos ha entregado obras de arte magníficas y, sobre todo, muy impresionantes; pero todo este arte que nos ha dejado la desesperación suena excesivamente a mundo, a corazón apaleado, a pasión, es decir, a debilidad.” La pintura de Gaya tiene que ver con la inocencia porque la inocencia es lo contrario de la pasión o la lujuria, del dolor o la desesperación. De ahí algunos de los nombres que nos da Ramón Gaya: Fidias, Van Eyck, Velázquez, Mozart; aunque ni Vermeer ni Bach entran en esa constelación. Fascinantes son también sus cuadernos de viaje y las reflexiones sobre la sustancia de la pintura: España y Venecia, por ejemplo, como sustancia pictórica, como realidad hecha pintura y por el contrario la negación de Francia, que Gaya identifica con el estilo y por tanto con una voluntad moral.

Artículo publicado en Diario de Mallorca.

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