El asombro

por | Sep 1, 2013 | Animal Social | 0 Comentarios

Si la curiosidad es el impulso primero del saber, el asombro constituye la reacción natural ante las maravillas del mundo. Así el arte, la naturaleza, la literatura, la filosofía, las matemáticas, la música, la belleza en definitiva, son el fundamento de un gozo callado que encuentra sus raíces en el propio amor por la vida. En ningún momento resulta esta verdad más evidente que en la infancia, cuando se descubren las felices ramificaciones de la realidad: el placer del juego, la textura insondable de un cuento, la intensidad estrellada del cielo, la luna llena en la noche, las gotas de rocío, la fragilidad de una flor… Frente a los profetas del nihilismo, el asombro acredita la sustancia del amor, de la belleza y de la verdad. Atestigua, sencillamente, la alegría única de la mirada íntima e inocente. Hablo, si así se quiere, de un valor irremplazable para el hombre en su vida adulta: no dejar que se apague la llama de esa sorpresa inicial.

Hay un librito de la ecóloga Rachel Carson (1907-1964) titulado El sentido del asombro (Ed. Encuentro) que recoge con una poética precisión la importancia de lo que estamos comentando. En los años cuarenta, Carson adoptó a un sobrino suyo de un año y medio al que quiso educar desde la contemplación del misterio: “Una tormentosa noche de otoño – escribe –, cuando mi sobrino Roger tenía unos veinte meses, le envolví con una manta y lo llevé a la playa en la oscuridad lluviosa. Allí fuera, justo a la orilla de lo que no podíamos ver, donde enormes olas tronaban, tenuemente percibimos vagas formas blancas que resonaban y gritaban y nos arrojaban puñados de espuma. Reímos juntos de pura alegría. Él, un bebé conociendo por primera vez el salvaje tumulto del océano. Yo, con la sal de la mitad de mi vida de amor al mar en mí. Pero creo que ambos sentimos la misma respuesta, el mismo escalofrío en nuestra espina dorsal ante la inmensidad, el bramar del océano y la noche indómita que nos rodeaba.” ¿Cabe decirlo mejor? No lo creo. En el asombro resuena la curiosidad, la admiración, el respeto, la humildad ante lo desconocido, el cariño y la felicidad. Una fórmula de vida ideal.

Publicado en Suma Cultural, 2013.

Daniel Capó

Daniel Capó

Casado y padre de dos hijos, vivo en Mallorca, aunque he residido en muchos otros lugares. Estudié la carrera de Derecho y pensé en ser diplomático, pero me he terminado dedicando al mundo de los libros y del periodismo.

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