La autobiografía de Benjamin Franklin

daniel-capo-benjamin-franklinBenjamin Franklin (1706-1790) fue impresor, escritor, científico, inventor y filósofo; un hombre polifacético que nos recuerda, tanto el inicial temperamento renacentista de los EE.UU como el particular sesgo pragmático del país. Hablo de pragmatismo porque no podemos leer estas memorias sin caer en la cuenta de que Franklin fue también el autor del legendario almanaque Poor Richard, un conjunto de máximas sapienciales – en su mayor parte bíblicas – orientadas a reforzar la inserción de las “virtudes burguesas” en el ethos del pueblo americano.

Esta Autobiografía, brillante e inacabada, fue escrita originalmente por Franklin para su hijo William en un tono que recuerda lejanamente el de una Bildung, esto es: un relato de formación – casi a la par en el tiempo con el Anton Reiser de Moritz – en el que el autor proyecta su propia vida en lo que de ejemplarizante pueda tener para los demás. Los consejos – a su hijo, al lector – son continuos y enlazan con esa tradición pragmática de la que hablaba antes: “Para asegurar mi crédito y mi fama como buen comerciante – escribe -, me preocupé no sólo de ser realmente industrioso y frugal, sino también de evitar cualquier apariencia de lo contrario. Vestía con sencillez, no frecuentaba lugares de ocio, nunca iba de caza ni de pesca.” Y más adelante reflexiona sobre la importancia de las decisiones tomadas de joven: “Es en la juventud cuando plantamos nuestros principales hábitos y prejuicios, es en la juventud cuando decidimos nuestra profesión, nuestros objetivos y nuestro matrimonio.”

En el cuidado por la propia formación llega al punto de ofrecernos un listado con las trece virtudes necesarias para ser un hombre de bien (templanza, silencio, orden, resolución, frugalidad, laboriosidad, sinceridad, justicia, moderación, limpieza, tranquilidad, castidad y humildad) y su particular método para ir convirtiendo estas virtudes en hábitos. Pero la Autobiografía de Franklin es mucho más que un compendio de recomendaciones morales, ya que goza de un valor literario indudable.  En primer lugar por su prosa irónica, chispeante y ágil. Y en segundo porque, a lo largo de la lectura, asistimos de primera mano a un momento histórico crucial, como fue la creación de la República Americana.

Artículo publicado en La Gaceta de los Negocios

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