Un comentario en “Benjamin Franklin

  1. En estos tiempos de internet muchos niños ya no saben qué es una biblioteca. Recuerdo con nostalgia las largas, pero apacibles tardes, que pasaba en mi pubertad y adolescencia en la biblioteca de mi pueblo. No era una gran biblioteca y, desde luego, no contaba con mucho presupuesto, lo que no le permitía acceder a los títulos publicados más recientemente. Como muchas bibliotecas pobres su catálogo se componía, mayoritariamente, de autores muertos, por lo general, muchos siglos atrás. Si no hubiera tenido tanta escasez de libros nunca habrían llegado a mis manos, por ejemplo, los nueve libros de la historia de Heródoto, y quizás me habría entretenido con historias menos fantásticas, más comunes, de batallitas interplanetarias. El préstamo de libros se limitaba a dos ejemplares, y se quedaba corto algunos días de vacaciones escolares de verano. Bien es cierto que solo sintonizábamos un canal de televisión, no podíamos navegar por la web y no se habían inventado los videojuegos. Obtener un pequeño tiempo de silencio cada día parece hoy un lujo imposible, a pesar de que no hay nada más barato. Pero sin silencio no hay lectura, sin lectura no hay pensamiento elaborado, y sin pensamiento elaborado no tenemos auténtico control de nuestra vida.

    Gracias Daniel por recordarnos, vía Franklin, la virtud de la lectura.

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