El comienzo de la primavera

daniel-capo-comienzo-primaveraEn alguna ocasión he escrito que los mejores ejemplos de literatura hispanoamericana actual los encontramos en la obra del boliviano Edmundo Paz Soldán – pienso, sobre todo, en su novela Río Fugitivo – y en la del colombiano Juan Gabriel Vásquez – en este caso, con su no menos espléndida novela Los informantes. Al no contar con el nombre del argentino Patricio Pron, me equivocaba. Apunten a este autor, cuya obra, capaz de crear un mundo narrativo poliédrico y de enorme ambición, asombre por la calidad de su inteligencia.

El comienzo de la primavera no es estrictamente una novedad; sin embargo, asienta una voz y traza la geografía de un autor a seguir. El lugar es Alemania y el protagonista, un joven argentino apellidado Martínez que rastrea la pista de Hans-Jürgen Hollenbach, un viejo filósofo del círculo íntimo de Heidegger. A través de esta quest, asistimos a la disección de la memoria histórica del siglo XX alemán, donde nada parece ser dejado al azar: ni la herrumbre nostálgica y penumbrosa de las grandes familias del XIX – remedo, quizás, de la aristocrática cultura centroeuropea del pasado – ni la pulsión antisistema de la juventud. Los diálogos son inteligentes; la prosa, sobria, de una eficacia extraordinaria; la arquitectura, de porte clásico. En el fondo del tapiz, la presencia constante del horror, como el bajo continuo de la memoria humana y del deseo por descubrir – y redescubrir –la propia identidad, uno de los grandes temas pronianos sin duda.

La última obra del escritor argentino, El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, constituye una recopilación de dieciocho relatos de temática, una vez más, alemana. La poderosa musculatura narrativa del autor se hace presente desde el primer cuento, “Las ideas”, una especie de relectura contemporánea de la leyenda del flautista de Hamelín, con idénticas dosis de horror y de misterio. Otros relatos, en cambio, sugieren guiños posmodernos: pienso ahora en “Un cuervo sobre la nieve” – homenaje al clásico de Hitchcock, Los pájaros – o en “El estatuto particular”, un divertido juego de espejos y galerías en el que se plantea el problema de la comunicación y de la identidad en una pareja de jóvenes movidos por la absurda lógica del azar.

Ambos libros, en definitiva, nos hablan de la indiscutible raigambre europea de su autor, al tiempo que plantean un riquísimo juego de complicidades con los interrogantes, los misterios y las dudas de nuestra época.

Artículo publicado en La Gaceta de los Negocios

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