¿Qué tienen en común Lascaux y Arles, Siena y Valois, Piero della Francesca y los templarios? Todos ellos son hitos, más o menos significativos, de la cultura europea. A recorrerlos y a reflexionar sobre ellos dedica las páginas de este libro el destacado poeta polaco Zbigniew Herbert (1924-1998). Hablar de Polonia es hablar de la gran literatura del siglo XX: de Milosz a Rózewicz, de Szymborska a Zagajewski o Alexander Wat. Entre ellos, ocupa un lugar muy especial Zbigniew Herbert, poeta imprescindible y profundo conocedor de la tradición cultural europea. Como tantos otros, padeció el comunismo en sus carnes y fue ultrajado por el régimen. Trabajó en los oficios más dispares: fue donante oficial –esto es, a sueldo– de sangre y cronometrador en una cooperativa de urinarios. Cuentan que a la salida del trabajo, siempre se encontraba apostado un joven flacucho que le perseguía hasta su casa increpándole con una vieja frase del camarada Stalin: “estás en el basurero de la historia”. El muchacho, como no podía ser de otro modo, también estaba a sueldo. Era el modo con el que el régimen comunista de Polonia buscaba humillar a su gran poeta.
Un bárbaro en el jardín es el libro fundacional que cimienta el prestigio ensayístico de Herbert. Publicado a principios de los sesenta, tras el viaje que le permitió conocer Francia e Italia, hay algo epigramático en el título que nombre a la obra: Un bárbaro en el jardín representa a la vez una crítica al comunismo (la barbarie) y un canto a la belleza del arte y de la cultura clásica (de ahí, el jardín). Y, en efecto, estas dos son las ideas básicas que articulan este libro de viajes: el amor a la libertad en contraposición con la tiranía y el valor epifánico, en ocasiones perturbador, de la belleza. Herbert expresa estas ideas con una técnica que es a la vez objetiva y subjetiva; quiero decir que, para lograr la máxima objetividad, busca conocer el espesor de la dimensión humana, dialoga con la gente humilde, con los campesinos y los pequeños comerciantes, se pregunta por los hombres del pasado e incluso por los olores y los sabores. ¿Cuál era el olor del Trecento italiano?, se pregunta en una página memorable del libro. Esta importancia que su autor concede a lo que podemos llamar el trasfondo de la historia es una evidente marca de la casa, como pudimos comprobar en un libro anterior suyo, Naturaleza muerta con brida.
Casado y padre de dos hijos, vivo en Mallorca, aunque he residido en muchos otros lugares. Estudié la carrera de Derecho y pensé en ser diplomático, pero me he terminado dedicando al mundo de los libros y del periodismo.
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