El último silencio

Pascal Quignard es el más grande escritor europeo de hoy. Su obra se mueve entre la novela y el ensayo, sin que resulte sencillo distinguirlos, quizá porque Quignard sea de los pocos autores capaces de trabajar a la vez con tres o cuatro registros distintos. Quignard turba y sobrecoge. Su voz brota del silencio y de la música más austera del barroco francés. El tono es ascético, introspectivo, casi desnudo. Los temas se repiten insistentemente: el mundo greco-latino, las huellas jansenistas, el deseo como motor de la vida y de la muerte, una concepción icónica de la pintura… Podemos apuntar aquí algunos de sus grandes títulos: Las sombras errantes, El sexo y el espanto, Odio a la música, Todas las mañanas del mundo, Villa Amalia. Pre-Textos nos ofrece ahora su ensayo sobre Georges de la Tour y, en verdad, resulta difícil pensar en otro pintor más cercano a la peculiar estética del escritor francés.

Quignard interpreta a La Tour desde la luz claudicante de las lecciones de tinieblas renacentistas y barrocas: “Contemplar la pintura – escribe -aún conserva para La Tour su antiguo significado: orar ante la imagen doliente. Sus telas no fueron más que variaciones sobre el crucifijo en el que Dios está clavado la noche del sábado santo […]. Hizo de la noche su reino. Ante La Tour, el Verbo en persona está en su noche. El silencio se ha transformado en la Pasión del silencio. Es el último silencio.” Desde esta perspectiva, Quignard disecciona en breves capítulos, de dos o tres páginas, la mayor parte de los cuadros de Georges de La Tour. Su lectura es pesimista, en el sentido de que nos muestra un mundo de esperanza limitada, compuesto de preguntas y escepticismo, movido a menudo por el deseo y la violencia. Los apuntes biográficos funcionan como un atrezzo, al igual que el juego de claroscuros. Quignard nos muestra a un pintor cuya maestría se cifra en su mirada introvertida sobre la figura humana, pero que al mismo tiempo desconoce la caridad hacia el prójimo. Sus paisanos le admiran o le odian. Pero eso parece importarle poco al autor, ya que sus preguntas son otras. El fondo de la pintura de La Tour “es el estupor ante la muerte”, nos dirá. Esa interrogante, la de la muerte y su misterio, aletea en este libro como la cuestión última. Y de ella obtiene el libro toda su fuerza poética.

 Publicado en La Gaceta de los Negocios, 2010.

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