El lugar de la memoria

El lugar de la memoria

Al finalizar la I Guerra Mundial, el joven oficial alemán Ernst Jünger reflexionó en una serie de libros dedicados a la fotografía sobre el impacto de las imágenes. Un cierto pesimismo –que se acentuó con el tiempo tras la experiencia del siglo XX– se traslucía ya entonces en su pensamiento. Para Jünger, fotografiar la violencia y reproducirla industrialmente congela el dolor en un punto fijo de la memoria, lo que impide la reconciliación. O al menos la dificulta. De este modo, la identidad colectiva corre el riesgo de construirse perpetuamente sobre una herida abierta, imposible de sanar.

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Las moscas no cazan águilas

Yuval Harari

El historiador Yuval Harari pretende reducir el hombre a un algoritmo, en un remedo del viejo debate sobre el libre albedrío. La estética abigarrada de los números –neutros, precisos, indiscutibles– goza del raro privilegio de la verdad entre los científicos sociales. Un programa informático dicta lo que constituye plagio, ya sea en una tesis doctoral o en las páginas de un ensayo. “Aquila non capit muscas”, reza un conocido proverbio latino; aunque aquí se podría utilizar la fórmula contraria: “Las moscas no cazan águilas”.

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El retorno de la Inquisición

El fanatismo oculta, bajo el manto de la asimilación cultural, la mancha étnica: la sangre como un supuesto criterio de ortodoxia. Así, es el hombre en su totalidad quien peca y se condena, y no sólo sus ideas o sus pensamientos. En el pasado lo biológico -esa evidencia de la carne- actuaba como signo de la herejía. Todavía hoy lo hace. Pensemos en la brujería que constituía una perversión propia de las mujeres o en el racismo, antes y después de Hitler. En un mundo monocolor, pequeños matices culturales sustentan la sospecha étnica: «Judaizar –dirá José Jiménez Lozano refiriéndose a la época de la Inquisición– es guisar con aceite en vez de con manteca, matar las aves sangrándolas y enterrar la sangre, pasar la uña por el filo del cuchillo para comprobar que no tiene mella, pero también dejar candiles encendidos por la noche, sobre todo los viernes, mudarse de camisa ese día o ponerse ropas mejores que las de diario en sábado, echar sal en el candil, que la chimenea no humee las mañanas ni las tardes del sábado, incluso en invierno. […]”

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Dos modelos para Casado

Dos modelos para Casado

En su libro The Dawn of Eurasia, el exministro portugués Bruno Maçaes explica que uno de los grandes errores del proyecto europeo es la paulatina sustitución de la política por una espesa maraña burocrática que, como sucede con las capas de una cebolla, acaba ocultando el corazón mismo de la democracia. Cuánto hay en estas palabras de específicamente continental sería motivo de debate, pues admiten una lectura en clave nacional. ¿El auténtico instinto del bien común se ha disuelto bajo la severidad de los intereses demoscópicos y el exceso regulatorio que asfixia el ámbito de actuación de los ciudadanos?

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Vacaciones de verano

Vacaciones de verano

Cuando yo era niño, con el calor llegaban las medusas, los alemanes y el olor a Nivea. Es un mundo que sigue ahí, imperturbable, un verano tras otro, aunque se  escurra entre mis manos como la arena de la playa. Recuerdo el rostro de mis amigos muertos –pequeños flashes; una sonrisa, amable y rígida en la memoria–, pero he perdido la modulación de sus voces, el color de su piel o de sus ojos. Ni siquiera sé si los reconocería al volverlos a ver: yo, un crío; ellos, niños o ancianos en el tiempo embalsamado de un camposanto. El verano era Mallorca y, dentro de Mallorca, un pequeño puerto de pescadores donde alternaban Ana Obregón y el guardaespaldas de Ringo Starr, un crío llamado Manuel Valls y Pepe Oneto.

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