El escenario Asens

Conviene que nos hagamos cargo de las palabras, porque las palabras siempre terminan haciéndose cargo de nosotros. Acudamos por un momento a la hemeroteca. El 4 de mayo de 2016, Jaume Asens, el hombre fuerte de Pablo Iglesias en Cataluña, planteaba en una columna del periódico Ara un escenario político que quizá vayamos a presenciar en los próximos meses: la actuación coordinada, en Madrid y Barcelona, de los distintos movimientos que buscan desbordar la Constitución. “Están sucediendo cosas inimaginables hace un tiempo –escribía Asens aquella jornada–. En el terreno cultural, el marco mental que proviene de la Transición se ha roto. Han contribuido a ello dos de las más grandes movilizaciones de la historia. La del soberanismo catalán que salió a la calle con motivo de los recortes del Estatut. Y la del 15-M que ocupó las principales ciudades de todo el Estado. Aunque el nacionalismo conservador intente desvincularlas, ambas son expresión de un mismo mar de fondo, de una misma crisis de régimen. La dos tuvieron lugar en 2011. Una con epicentro en Cataluña y la otra en Madrid”.

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El dios de nuestros padres

Para Schiller la característica principal de la modernidad consiste en perseguir las ideas abstractas con el impulso de unas emociones sin domesticar. Dicho de otro modo: la falta de realismo y el sentimentalismo exacerbado conformarían el marco de la política romántica. No se trata de un lenguaje anclado en el pasado, sino de una de las melodías dominantes en nuestro tiempo, en el que conviven, por un lado, el auge de los populismos, por el otro, las distintas variantes del iliberalismo. Así el pensamiento mágico que confunde la utopía con lo alcanzable o que cree que el simple deseo puede modelar la realidad. O el atrevimiento de sustituir la racionalidad como criterio moral por un brebaje de pasiones adulteradas, que corroen el cuerpo social. El retorno del romanticismo no constituye una peculiaridad española, al contrario. Aunque, por supuesto, haríamos mal en soslayar nuestra singularidad, ya sea territorial, cultural, económica, política o histórica.

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