De repente la política española ha vuelto a palidecer. La corrupción ha pasado a un segundo plano, mientras el Gobierno sigue extendiendo la chequera para incrementar la financiación autonómica y añadir traspasos de competencias: la consigna es resistir y confiar en el tiempo, ese socorrido benefactor. Pura doctrina Rajoy, aunque con mayores dosis de imaginación y un uso más descarado de los resortes presupuestarios que concede el poder. Terminó el año Franco y ha dado inicio un nuevo curso, cuyo epicentro no pasa ya por Madrid. Los titulares los acapara la Administración Trump y su decidido impulso de acelerar la historia. Por si cabía alguna duda, el siglo XXI despliega ya todos sus efectos.
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