Los viejos monjes del desierto daban el nombre de acedia al más peligroso de los males, también conocido como el «demonio del mediodía». Se referían al tedio espiritual, a la abulia, al descuido indolente del alma. El abad benedictino Dom Jean-Charles Nault ha calificado la acedia como la enfermedad de nuestro tiempo. El pasado 28 de abril, cuando la península quedó sumida en tinieblas durante largas horas, esta verdad incómoda se hizo evidente. No hablo del abatimiento de los monjes en el cenobio, sino de una gran negligencia colectiva que nos condena a tropezar una y otra vez con los mismos problemas, mientras negamos su existencia o los utilizamos como arma arrojadiza contra el adversario político. La acedia es el demonio del mediodía y ningún fruto bueno saldrá de ella.
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