Volvamos a Elon Musk. Hay algo profundamente sintomático de nuestra época en el correo electrónico que ha enviado a los funcionarios federales preguntándoles: «¿Qué hiciste la semana pasada?». La consulta, en su insistencia por reducir la actividad humana a un puñado de viñetas, delata una cosmovisión concreta, a saber: la creencia de que el trabajo debe ser diseccionado en segmentos cuantificables, aptos para ser evaluados monetariamente. Es decir, que todo lo valioso ha de ser recogido en una lista y que la creatividad, el tiempo y la experiencia se pueden determinar tan fácilmente como el número de tornillos usados en una cadena de ensamblaje.
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