Hay un paralelismo entre el final de la I Guerra Mundial y la salida de la Guerra Fría. En ninguno de los dos casos, se supo qué hacer con la libertad conseguida y, en ambos casos, se confundió la victoria de Occidente con la ausencia de responsabilidad. La codicia adquirió magnitudes universales, sin que las instituciones intermedias fueran capaces de ponerle freno. Tras los felices años iniciales, el dinero se convirtió en ceniza. Las deudas ahogaban a las familias, la hiperinflación devoraba el ahorro. Un argumento cultural nos diría que debemos cuidar la calidad moral de nuestras ideas, porque terminamos pareciéndonos a ellas.
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