Este mes he leído relativamente poco fuera del trabajo, por lo que completaré las lecturas con alguna recomendación adicional.

El iconostasio. Una teoría de la estética, de Pável Florenski. Se trata de un ensayo clásico para entender el arte de los iconos y la evolución de la estética en el oriente europeo frente a la tradición occidental. Para amantes de la historia del arte.

El temps esquerp. Dotze apunts contra la decepció política, de Raimon Obiols (en catalán). Obiols representa el raro ejemplo del político culto, que cuenta con referentes de análisis mucho más amplios que la política bruta y que además sabe escribir. Se puede coincidir o no con sus postulados, pero la refinada huida de maximalismos y esencialismos resultan muy de agradecer.
Mi hijo ha leído este mes clásicos del manga, como El almanaque de mi padre, de Jiro Taniguchi, y ha disfrutado una barbaridad con la saga de montañismo, en cinco volúmenes, La cumbre de los Dioses, del propio Taniguchi, uno de los grandes mitos del cómic japonés.
Mi hija ha estado leyendo en inglés Echo Mountain y Beyond the bright sea, ambas de Lauren Wolk. Wolk es un nombre importante para la transición de la literatura infantil a la del bachillerato. En castellano, acaba de empezar una novela histórica, sobre los fundadores del Císter en la edad media: Tres monjes rebeldes, de M. Raymond.
Para terminar dos anuncios:
El cuatro de mayo sale a la venta Roma desordenada, de Juan Claudio de Ramón. Leí el manuscrito en su día y puedo decir que es caviar.
Y también que acaba de aparecer la nueva edición en tapa dura, del clásico de Ignacio Peyró, Pompa y circunstancia, con prólogo de José Carlos Llop.





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