Sacudidas menores

Hay que prestar atención a las sacudidas menores. En agosto, por ejemplo, se forman frágiles capas de hielo que, al reflejar la luz solar, acrecientan el efecto invernadero. No deja de ser curioso que el incremento de temperaturas por el cambio climático dependa menos de los campos nevados del invierno que del frío fugaz del verano o de las ventosidades de la cabaña bovina. En un mundo inestable, los equilibrios resultan precarios. De una importancia secundaria serían también las elecciones europeas – desde luego, así queda registrado en el subconsciente de la mayoría de los votantes -, pero los efectos sísmicos se han reproducido en cadena: la irrupción de un movimiento antisistema (Podemos) dirigido por un líder mediático como Pablo Iglesias, la repentina dimisión de Rubalcaba, la abdicación del rey y la inmediata proclamación de Felipe VI, el sorpasso en Cataluña de ERC y el deterioro del bipartidismo. Ante la sangría de votos, el PP de Rajoy se ha visto obligado a responder con celeridad activando un doble plan de emergencia: una sensible rebaja en el IRPF y el relato de la estabilidad parlamentaria; o, lo que es lo mismo, la promesa de posicionarse como el partido del orden y de las amplias clases medias.

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Aggiornamento

Para la generación de los que nacimos con la llegada de la democracia, los difíciles avatares de la Transición forman parte de la memoria colectiva y familiar, pero no de la personal. España era entonces un país relativamente pobre, donde abundaban los televisores en blanco y negro y escaseaban los servicios públicos fundamentales. Recuerdo la falta de bibliotecas municipales y de centros de salud bien dotados en la mayoría de pueblos. Recuerdo que sólo las familias más acomodadas disponían de teléfono en casa y la escasa iluminación nocturna en las calles. Era todavía una sociedad con fuertes rasgos estamentales, en la que el mundo agrario se descomponía poco a poco, mientras que la incipiente industrialización afrontaba los efectos de la crisis petrolífera de los años setenta. Recuerdo también que, a pesar de aquellas evidentes limitaciones – no éramos Europa, aunque el sueño europeo iluminaba el horizonte – , nos educaron en el respeto a la libertad y a los derechos individuales y sociales. La modernización del país fue un proceso acelerado que rompió con muchos de los estereotipos recurrentes de la leyenda negra.

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