Mr. Brendel

Descubrí el piano de Alfred Brendel en Capri, tomando un té frente a los faraglioni, mientras llovía y una gaviota sobrevolaba el mar. Después llegó la luz, una luz melancólica más veneciana que mediterránea y escuché a unos ingleses susurrándose unas palabras de amor; muy upper class él, de una elegancia oriental ella. Le dije a mi mujer: “Mira el cielo, podría ser un Tiépolo. Estamos en Venecia”. Pero no, era Capri. Y de fondo, Alfred Brendel interpretando con Mackerras el Concierto n.º 9, “Jeunehomme”, de Mozart. Pensé que hasta entonces había sido injusto con Brendel y con su manera de entender la música. Pensé en el color del Adriático y en el humor imberbe del compositor de Salzburgo. Luego me dije que en el Mediterráneo todos los colores se encuentran así, como desparramados por el suelo. Y que amar la tragedia es un falso privilegio.

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