El escritor francés Patrick Modiano llamaba al otoño la «estación de los proyectos». En septiembre aún brilla el sol hiriente del verano, pero se acaban las vacaciones y vuelve la cotidianidad de la vida. Las incógnitas se suceden; sobre todo en política, donde se cuenta –o se quiere contar– por semanas o meses el final del gobierno Sánchez. Uno, que con los años se ha vuelto escéptico, sabe que nada termina hasta que se firma el desahucio y se apaga la luz. Los partidos políticos -lo sugería Ione Belarra en RNE- engrasan sus maquinarias electorales a la espera de un adelanto que tal vez no llegue, a no ser que las investigaciones judiciales hagan insoportable la posición del gobierno. Todo es posible, incluso la cordura. Ya me entienden: la esperanza es lo último que se pierde.
Empieza el curso político

