A medida que pasan los meses, la situación en Ucrania se vuelve más precaria. Faltan combatientes –un buen número de hombres jóvenes han salido del país–; falta armamento, por mucho que las fábricas europeas hayan intentado cubrir la demanda; y falta, sobre todo, el apoyo decidido de los Estados Unidos. Rusia no está mucho mejor, pero al menos es un imperio (geográfico y demográfico), mantiene una economía de guerra y dispone de suministros constantes que llegan de China, de Corea del Norte y de otros países asiáticos. Putin sabe que se equivocó en 2022 cuando decidió iniciar una guerra que confiaba ganar en cuestión de semanas. Despreciaba a Zelenski y creía que su Gobierno caería tan pronto como se rindiera Kiev. Nada de eso sucedió, en parte por el valor imperturbable que mostró Zelenski durante aquellos primeros días.
¿Por qué Putin no quiere firmar la paz?

