El siglo XXI empezó –o al menos uno de sus rostros– en 1989, con la caída del Muro de Berlín y con la masiva irrupción de la China de Tiananmén en el mercado global. El discurso ideológico de los años 80 acabó universalizándose en la década de los 90. Ramón González Férriz ha analizado ese falso optimismo en un magnífico ensayo titulado precisamente La trampa del optimismo. La historia nos permite leer el pasado inmediato con mayor claridad, pues en aquel entonces las luces impedían calibrar la densidad de las sombras. A veces he dicho medio en broma que sólo los locos acertaron, pero con ello quiero únicamente señalar que nada sucedió cómo había augurado el pensamiento hegemónico. Yo mismo pequé de ingenuo; aunque, cuando leo mis diarios de aquellos años, detecto ya entre los pliegues de la realidad algún motivo para la sospecha.
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