En La decadencia de Occidente, Oswald Spengler propuso la inquietante idea de que las civilizaciones no mueren por causas externas, sino por agotamiento interior. Es decir, que pierden el alma antes que el cuerpo. En España no nos encontramos aún en ese punto, pero los indicios de decadencia son difíciles de ignorar. Después de dos décadas desperdiciadas, el malestar cívico y el empobrecimiento relativo de las nuevas generaciones dibujan un horizonte sombrío.
La decadencia silenciosa

