Icono del sitio El blog de Daniel Capó

Cuando los hombres duermen

Al poco de llegar a Noruega, después de cenar, me quedé dormido con la luz crepuscular aún reflejándose en las paredes de la habitación. Me desperté unas pocas horas más tarde, ya de madrugada, con esa misma luz brillando en el horizonte. Ningún coche cruzaba la avenida que daba al fiordo, pero se escuchaba el canto de los pájaros. Fueron mi compañía durante todos los días que pasé en el norte. Me levanté para tomar unas notas en mi diario. Antes, me duché y me preparé un té, revisé los mensajes del móvil y me senté junto a la ventana buscando las gaviotas noctámbulas que había oído chillar. Ahora me arrepiento de no haber salido a la calle a pasear por aquella tierra de nadie; o, mejor dicho, por aquel tiempo de nadie en que los hombres duermen y los pájaros cruzan los cielos cantando al amanecer. Empecé a escribir y recordé un disco de mi juventud: el Cantus Arcticus del compositor finlandés Einojuhani Rautavaara, quizás una de las piezas más hermosas que se han compuesto en la segunda mitad del siglo XX.

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