Icono del sitio El blog de Daniel Capó

Anatomía del cambio

Se diría que no ha habido ninguna época sin un orden interno, porque hasta el caos se define por la ausencia de estructuras previsibles. Lo que llamamos «orden mundial» no es un capricho diplomático ni una figura retórica. Al contrario, es la forma en que interpretamos una arquitectura de valores que sentimos nuestra, junto a sus amenazas y alianzas.

Pero todo llega a su fin. La semana pasada, Gordon Brown, uno de los últimos grandes premiers que ha tenido el Reino Unido, publicaba en The Guardian un texto demoledor sobre el cambio de época al que asistimos. Es un buen artículo. El orden global que surgió tras el final de la Guerra Fría fenece sin un claro relevo a la vista. La hegemonía americana muestra sus primeras grietas, a pesar de su incontestable poder militar y económico. China ofrece una alternativa inquietante, de corte autocrático. Y el gran laboratorio de la modernidad postnacional, que ha sido la UE, lleva décadas hundiéndose en la irrelevancia geopolítica. Nuestra voz clama en el desierto, sin importarle ya a nadie.

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