Llevamos años hablando de la hora de la verdad para Europa, pero esta hora nunca llega. Y, en caso de que llegue, se salda en un nuevo fracaso. Hace unos años, el Reino Unido ya tomó el camino de salida. ¿Fue el primer disparo de las políticas populistas o simplemente un aviso de lo que estaba por venir? La victoria de Trump ha trastocado cualquier ecuación posible. La hipótesis de entrada es que las élites económicas norteamericanas se han cansado de no poder competir con las mismas armas de sus rivales asiáticos. La fractura de clases, inevitable al mismo tiempo, no ha hecho más que exacerbar la urgencia de soluciones. Todavía no nos hemos hecho una idea del impacto que tendrá la inteligencia artificial sobre el mundo laboral y sobre nuestras vidas. Seguramente muy superior al que ha tenido Internet, aunque su potencial tarde en desplegarse dos décadas.
Un continente sin rumbo

