Icono del sitio El blog de Daniel Capó

Nada dorado puede permanecer

Las fiestas de la Navidad, que acabamos de celebrar, representan una doble vivencia: la esperanza por el nacimiento de un Salvador y la melancolía por el paso del tiempo, ese eterno destructor. Nuestra relación con el pasado se asemeja a la que mantiene Eneas con su padre Anquises al visitar el infierno: podemos recrear el pasado, verlo con nuestros ojos, incluso a veces dialogar con él y escucharlo; pero, cuando queremos abrazarlo o volver a sentir su tacto, se difumina en el aire como un fantasma. «Are you here, at last?», le pregunta Anquises a Eneas, en la famosa traducción del Nobel norirlandés Seamus Heaney que me ha acompañado durante tantos años de mi vida. Esta escena refleja no sólo nuestra mirada hacia el pasado, sino también el anhelo del propio pasado por saber qué ha sido de nosotros, por reunirse de nuevo con nosotros.

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