Tomo nota de un texto del francés Paul Beauchamp. Nos recuerda que la envidia anida junto al espíritu de la mentira y que ambas nos alejan de la realidad, infectándola y convirtiéndonos en esclavos desprovistos de auténtica libertad. Él piensa en términos de imágenes y de ambigüedad, y se plantea de qué modo estas imágenes ambivalentes se vinculan con nosotros y nos transforman. En la mentira, al igual que en la envidia, tan importante es lo que se dice como lo que se oculta debajo de la superficie, lo que permanece silenciado pero operativo, con su filo aguzado y amenazante. La mentira es el velo de lo inconfesable —nos dirá—, reducido a sus últimas trincheras. Sin embargo, no es sólo eso: también se presenta como una justicia falsa, como el rostro invertido de lo verdadero. En ese juego de imágenes y contraimágenes, aparece la duda y, junto a ella, la sospecha.
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