Icono del sitio El blog de Daniel Capó

Benjamin Franklin

«En su exquisita autobiografía, Benjamin Franklin cuenta cómo en 1731 fundó en Filadelfia la primera biblioteca pública de los Estados Unidos. La biblioteca abría los sábados por la tarde, de cuatro a ocho, y en su catálogo se encontraban, además de novelas, títulos de geografía e historia, filosofía, teología y poesía. El lema que adoptaron los socios era simple y revelador: “Apoyar el bien común – decía – es una labor de los dioses.” El préstamo era libre y pronto pudo comprobar, anota Franklin en sus memorias, de qué modo, gracias al servicio que prestaban, la conversación general de los americanos había mejorado “hasta el punto de que los tenderos y los agricultores razonan al mismo nivel que cualquier caballero de Francia o de Inglaterra”. No es algo que deba extrañarnos. La inteligencia es una herramienta fundamentalmente lingüística. Pensamos por medio de palabras y dentro del marco de nuestra capacidad gramatical y sintáctica. Al hilvanar nuestras emociones vamos tejiendo el hilo de la identidad. La neurociencia sostiene que pensamos en red – de las sinapsis neuronales al razonamiento ético – y uno de los indicadores más fiables para calibrar el futuro coeficiente intelectual de un niño es la riqueza de su vocabulario. “Mi cultura es exactamente el fruto de la imprenta – escribe Ramón González Férriz en Letras Libres-. La Ilustración, la libertad de pensamiento, el laicismo y la democracia –nuestra civilización– son inventos del papel impreso”.Sin el lenguaje, sencillamente, el hombre no existiría».

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