
Un bárbaro en el jardín es el libro fundacional que cimienta el prestigio ensayístico de Herbert. Publicado a principios de los sesenta, tras el viaje que le permitió conocer Francia e Italia, hay algo epigramático en el título que nombre a la obra: Un bárbaro en el jardín representa a la vez una crítica al comunismo (la barbarie) y un canto a la belleza del arte y de la cultura clásica (de ahí, el jardín). Y, en efecto, estas dos son las ideas básicas que articulan este libro de viajes: el amor a la libertad en contraposición con la tiranía y el valor epifánico, en ocasiones perturbador, de la belleza. Herbert expresa estas ideas con una técnica que es a la vez objetiva y subjetiva; quiero decir que, para lograr la máxima objetividad, busca conocer el espesor de la dimensión humana, dialoga con la gente humilde, con los campesinos y los pequeños comerciantes, se pregunta por los hombres del pasado e incluso por los olores y los sabores. ¿Cuál era el olor del Trecento italiano?, se pregunta en una página memorable del libro. Esta importancia que su autor concede a lo que podemos llamar el trasfondo de la historia es una evidente marca de la casa, como pudimos comprobar en un libro anterior suyo, Naturaleza muerta con brida.
Un bárbaro en el jardín es una obra maestra.
Artículo publicado en Aceprensa.
