El hijo pródigo

El hijo pródigo

“Nos hemos vuelto pobres. Hemos ido perdiendo uno tras otro pedazos de la herencia de la humanidad; a menudo hemos tenido que empeñarlos en la casa de préstamos por la centésima parte de su valor, a cambio de la calderilla de lo actual. Nos espera a la puerta la crisis económica, y tras ella una sombra, la próxima guerra. Hoy el aguantar se ha convertido en cosa de unos pocos poderosos, que Dios sabe que no son más humanos que la mayoría; suelen ser más bárbaros, pero no en la buena forma. Y los otros tienen que arreglárselas, una vez más, con poco. Recurren a los hombres que han hecho su causa de lo completamente nuevo y que, además, lo basan en el conocimiento y la renuncia. En sus edificios, sus cuadros y sus historias, la humanidad se prepara para sobrevivir a la cultura, si es que esto le fuera necesario. Y lo más importante es que lo hace riendo. Y tal vez esa risa pueda sonar bárbara en uno u otro sitio. Bueno. El individuo puede ceder a veces algo de humanidad a esa masa que, un día, se la devolverá con intereses”.

Walter Benjamin

Apuntes de Año Nuevo

Leo en Los pequeños tratados de Pascal Quignard que, en su origen, la palabra página se refería menos al soporte físico del papel que a la  maquetación y a la disposición gráfica del texto. Tiene que ver con el espíritu ordenador, casi jurídico, del latín; el equilibrio de las formas externas; las costumbres, las buenas maneras, que dirían los ingleses. Enlazada con la página se encuentra la imagen del viñedo, el pago, el afán de cultivar la tierra y obtener un fruto. Palabras con una etimología común, subraya Quignard, serían página, país, paz… De este modo, pacificar una región se asemejaría mucho a civilizarla y hacerla productiva frente a la barbarie de las tierras sin roturar. Quizás una biografía no consista sino en paginar la propia vida, en darle un orden y una consistencia. Fuera de sus márgenes –de los márgenes de la civilización y de cierta dosis de realismo, quiero decir–, nos adentramos en un campo lleno de señuelos engañosos y de animales salvajes: un mundo peligroso. En una de sus crónicas parlamentarias, escrita durante la II  República, Josep Pla observó: “Hem de prescindir de profecies, de castells de cartes, de problemes previs formals; hem de superar l’etapa infantil de la política, etapa que consisteix a confondre la realitat amb les abstraccions desitjables”. Se refería al problema catalán, pero en realidad hablaba de una cuestión universal. Haríamos bien en pedir leyes paginadas, debates matizados, países ordenados e informaciones contrastadas. Aunque no sé si por este orden.

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Galina Ustvolskaya

¿Qué sabemos de Galina Ustvolskaya? Su amor por los extremos, su espiritualidad desesperada, el horror desnudo de una angustia que parece proceder de muy lejos. Poco más podemos decir de ella. En la década de los 40 fue amante de Dmitri Shostakovich. Luego desapareció, herida, no sabemos si por la rudeza del amor o por la fragilidad enfermiza del maestro soviético. “Shostakovich siempre me ha deprimido”, escribió años más tarde Ustvolskaya. Para entonces, ya componía una obra extrema, arcaica, torturada, en la que sólo abundan los escorzos geológicos, las explosiones sonoras, el silencio mudo, como una gran requisitoria contra la vida y contra Dios: “My works are not religious in a liturgical sense, but are filled with a religious spirit and would – I believe – sound best in a church”. Una espiritualidad como la de Job que exige, autista a veces, ensimismada, como un grito que no articula palabras, la presencia de un Salvador.

Galina Ustvolskaya nació en San Petersburgo el 17 de enero de 1919.

Hotel Illa d’or

En 1929 Joan Miró y Pilar Juncosa pasaron su luna de miel en el hotel Illa d’Or del Puerto de Pollensa. Uno se imagina la atmósfera festiva que se respiraba en la isla, a pesar de la crisis económica internacional. El turismo empezaba a despegar, con los oficiales ingleses que, destinados a la India, descubrían Mallorca en su camino de regreso a casa. Las Baleares se abrían al mundo, que es como decir que el mundo revelaba uno de los rostros del paraíso.

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