Los libros que no he leído | José Andrés Rojo

¿Qué libro que no he leído me ha influido más?

Gilles Deleuze y Felix Guattari me están mirando

Es verdad que voy por la calle y siento en el cogote sus ojos inquisidores, porque Félix Guattari y Gilles Deleuze saben que no he leído ni El AntiEdipo ni Mil mesetas. Y quizá por eso me observan desde la distancia con un punto de desprecio. Porque han visto que les he robado sólo la espuma de esas olas que lanzaron con tanto arrojo sobre las costas de los jóvenes más rebeldes, los más contestatarios, los más resabiados, los listillos, los que no se andaban con chiquitas y eran capaces de ir más lejos, de ser todavía más revolucionarios, pero también más exquisitos e, incluso, más excéntricos, los que estaban de vuelta, los que tenían la llave secreta con la que abrir los más sofisticados placeres y los saberes más escondidos. Como quien dice, los elegidos.

Deleuze & Guattari son la marca de una época que vino detrás aquella conmoción que se produjo en mayo de 1968 en las calles de París. Luego resultó que, en verdad, no fue para tanto; aunque se convirtiera en un asunto muy especial. Y El AntiEdipo, primero, y Mil mesetas, después, me influyeron tanto precisamente por eso, por ser el lugar donde estaban escondidas esas claves reservadas para cuatro gatos que se las sabían todas y que fueron capaces de aceptar el envite de ir, no lejos, lejísimos. En su manera de entender la vida y la sociedad y en la forma de tratar su propio cuerpo. De pronto, el deseo ocupaba un  lugar central. No había que perdérselo. Deleuze & Guattari reclamaban, además, que te extraviaras en sus páginas, que las investigaras y que, de paso, hicieras estallar los puentes que te mantenían todavía unido a la abominable sociedad burguesa y capitalista. Fin, se acabó.

Como no pude encontrar en su día ni El AntiEdipo ni Mil mesetas tuve que construirme un manual improvisado, e inventado con cuatro lugares comunes, desde el que mirar y gobernar el mundo con los ojos de Deleuze y Guattari. Y así fui tirando. Ahora, con la distancia, echo de menos no conocer esos textos, no haber entrado en sus recovecos. Porque un libro no es nunca las cuatro bagatelas que extraen de él los académicos para explicárselo a sus alumnos. Nietzsche no es nunca el eterno retorno, la muerte de Dios, la voluntad de poder, el superhombre. Nietzsche es todo lo que hay dentro de sus libros, y que siempre se escapa más allá, inatrapable, y por eso inagotable. ¿Qué habrá dentro de El AntiEdipo y de Mil mesetas que no sea el deseo y la máquina, y la ley y la transgresión, el rizoma, los cuerpos, y tanto y tanto blablabla? Llegará el día en que, dinamitadas todas la falsas influencias, toque ponerse el casco de explorador y descender a sus profundidades. Y empezar a picar.

José Andrés Rojo trabaja en la sección de Opinión de El País y es escritor. Acaba de publicar Camino a Trinidad (Editorial Pre-Textos).

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