Los libros que no he leído | Eduardo Halfon

¿Qué libro que no he leído me ha influido más?

Yo no soy judío, y no soy guatemalteco. Al menos eso me digo a mí mismo cuando escribo, o eso les digo a los demás cuando me leen, que yo no soy lo que soy. Como judío, sé que debo leer la Torá, completa, no por encima, no sólo las secciones que me convienen, no sólo el fragmento cuya fonética en hebreo me memoricé a los trece años, cuando los demás me dijeron que ya era todo un hombre y que debía entonces subir ante ellos y recitar ante ellos ese fragmento memorizado. Y como guatemalteco, sé que debo leer el Popol Vuh, entero, no por partes, no las partes mágicas o las partes que me interesan, y no porque yo sea maya, sino porque de ahí soy, ahí nací y crecí, en su tierra, entre sus maizales. Sé que esos dos libros —si es que puedo llamarlos libros— me han marcado más que cualquier otro, como judío, como guatemalteco, como hombre, y como escritor. Pero no quiero leerlos. Me niego a leerlos. En parte, supongo, porque sé que son las dos columnas principales de mi casa, que sobre ellos se apoya y se construye todo lo demás. Y al escribir lo primero que debemos hacer es destruir nuestra casa.

Eduardo Halfon (Guatemala, 1971) es escritor. Su último libro se titula Signor Hoffman.

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Bajo tierra

En los relatos de André Gide, los veranos equivalían al insistente zumbido de las moscas. O, al menos, así creo recordar de mis lecturas adolescentes. También los veranos de mi niñez fueron lentos y repetitivos en el huerto de mis abuelos, bajo un sol mediterráneo. Era un mundo viejo y nuevo a la vez. Viejo, porque se mantenían algunos ritos que ahora resultan poco comunes: las largas jornadas, el horario solar, la recolección  manual de las almendras, el agua corriendo en las acequias, las oraciones antes de ir a dormir, el televisor todavía en blanco y negro, la luz del sol entre los naranjos y los olivos, la fascinación por las estrellas en un cielo virginal, aún sin contaminar. Nuevo, porque la infancia es la novedad y también la inocencia y el juego y la sorpresa. Recuerdo, eso sí, las largas horas que se prolongaban monótonas, en un ocio aburrido que inventaba mundos y anhelos. Yo era un niño rodeado de adultos, de libros y de la naturaleza agostada del verano. Era un niño con todo el tiempo del mundo.

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Los libros que no he leído | Berta Barbet

¿Qué libro que no he leído me ha influido más?

Eichmann en Jerusalén de Hannah Arendt.

Para que un libro te influya sin haberlo leído –ni sentido la necesidad de hacerlo-, y por lo tanto sin conocer al detalle su contenido exacto, debe estar basado en una idea que coincide casi a la perfección con tu forma de ver el mundo o de pensarlo. Las mayoría de las ideas que realmente nos influyen son complejas, generalmente requieren del esfuerzo de leerlas con atención para poderlas incorporar en nuestra forma de pensar o actuar. Pero hay veces en las que una idea no necesita ser desarrolladas más allá de sus grandes rasgos, porque al oírlas por primera vez, rápidamente conecta con cosas que ya pensabas, quizá sin ser plenamente consciente de ello. En mi caso esta idea es la banalidad del mal desarrollada por Hannah Arendt en su libro Eichmann en Jerusalén.

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La atomización social

Foto: Pablo Fuentes

La Historia nos sorprende con giros inesperados. Después del 45, la posguerra europea se construyó sobre el anhelo de una sociedad sin grandes diferencias de clase. El pacto entre la democracia cristiana y los socialdemócratas se sustanció en lo que hoy conocemos como Estado del Bienestar. Fue un medio siglo dorado para Europa: la demografía y la paz jugaban a favor del crecimiento económico que, a su vez, revertía en mejores salarios para los trabajadores y en una generosa red de protección social: sanidad y educación públicas, seguro de desempleo, trabajo estable, pensiones ventajosas, vacaciones pagadas, semanas laborales de 40 horas, etc. Así fue apareciendo una poderosa clase media llamada a cambiar la fisonomía del consumo y de la cultura europea. En los Estados Unidos, el proceso no fue exactamente igual –en parte por su mayor desconfianza hacia lo público–, pero en el fondo tampoco fue tan distinto. Durante los años 60, el presidente Johnson declaró la “Guerra contra la pobreza” e, incluso en los 80, el conservador Ronald Reagan no hizo mucho por disminuir el déficit presupuestario. Con el paso de los años, sin embargo, el sueño de una clase media universal se ha ido erosionando. En nuestro siglo, la pobreza ha regresado como un factor político clave.

Fuente: The Objective.

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Los libros que no he leído | José Mateos

¿Qué libro que no he leído me ha influido más?

El libro que seguramente más ha influido en mí y que no he leído es, creo, El Capital de Carlos Marx. Estaba en la biblioteca paterna. A mi madre ese libro le daba miedo -hablo de los años sesenta- y trataba de que mi padre se deshiciera de él, algo que nunca consiguió. Quiero pensar que esa escena que sucedió más de una vez, la de mi madre insistiendo para que tirara ese libro y la de mi padre negándose, alimentó en mí la curiosidad por los libros y por el poder que encerraban sus páginas.

José Mateos (Jerez de la Frontera, 1963) es poeta. Acaba de publicar Un año en la otra vida.

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György Konrád

Quizá se pueda aventurar que la conciencia moderna de la memoria se originó en el terror. Me refiero a la memoria como paisaje moral y ético de la justicia, insumisa al diktat de las ideologías y de los voceros del poder. La memoria, nos recuerda Claude Lanzmann en Shoah, señala con su dedo acusador el lugar del crimen, exigiendo ser reivindicada como una categoría de la verdad. El proyecto del terror – del terror ideológico, que es el propio del siglo XX – se asienta sobre la muerte y el olvido. La literatura al respecto es abundante y nos habla a las claras de la importancia del testigo. Auschwitz y el Gulag, por ejemplo, ¿qué sabríamos del uno y del otro sin la literatura del testigo? Primo Levi, por un lado; Solzhenitsyn por el otro. En cierto modo, ellos, su literatura, representan uno de los rostros del fracaso de la modernidad, la constatación de la mentira encarnada en las ideologías totalitarias. György Konrád (Hungría, 1933) nos habla de todo ello. Lo ha hecho a lo largo de su obra y lo hace también en un libro de lectura imprescindible, Viaje de ida y vuelta.

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