Lógicas suicidas

La política se rige por una lógica implacable, férrea, a menudo arquetípica: una reñida dinámica de lucha por el poder que crea realidades y, a la vez, las destruye. La exitosa Constitución del 78 parece llegar a su fin, sin que terminemos de entender muy bien por qué ha sido así, más allá de que en la sociedad haya triunfado un peculiar relato de deslegitimación. La sorpresa es que, leyéndola artículo por artículo, nuestra Carta Magna se equipara con cualquier otra de nuestro entorno: es flexible y ágil, sólida y prudente. Ha permitido descentralizar el Estado y derrotar al terrorismo, ingresar en Europa y consolidar un régimen democrático. Sus errores tienen más que ver con su aplicación política que con la letra estricta de la misma.

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La finura

Rajoy se adentra en el relato de la finezza. El concepto lo utilizó el miércoles en el Congreso, refiriéndose a Cataluña. Es una palabra extraña finura: polisémica, ambigua y flexible, que no define el cómo ni el qué ni el quién. Anuncia algún tipo de movimiento para después de las generales, se supone que más allá de la propuesta inicial de diálogo en el marco de la Constitución. La finura apunta a un escenario postelectoral que será tan complicado en Madrid como en Barcelona y que exigirá pactos de gobierno muy amplios, difíciles de manejar. En Cataluña, el primer ejemplo lo encontramos ya en el ensimismamiento de la coalición soberanista, presa de sus propias contradicciones ideológicas y del placaje asambleario de la CUP. De la derecha liberal a la izquierda extrema, los pactos programáticos exigirán también una buena dosis de flexibilidad si lo que se pretende es evitar una nueva convocatoria electoral durante el próximo año; hipótesis, por cierto, más que plausible, ante la situación general de incertidumbre. La independencia puede ser una utopía deseable para algunos, pero el Estado depende de las decisiones que adopta cada día y del buen funcionamiento de las instituciones; es decir, de la orientación del gobierno, la aprobación anual de los presupuestos y la calidad de la administración. Y esto vale en todos los lugares.

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Pensamientos estancos

El domingo tuvo lugar el primer set de un partido a dos que terminará con las generales de diciembre. Los resultados, con algún que otro matiz particular, fueron los previstos. Al igual que sucede en Euskadi, los bloques de votos nacionalista y no nacionalista funcionan como compartimentos estancos, sin conexión entre ellos. Ambos bandos movilizan a una cantidad muy similar de población –en torno al 45 y el 50 por ciento–, sin que los grandes espectáculos de  masas sirvan más que para activar a sus respectivos electorados y asfixiar las opciones intermedias. El 28-S nos dibuja el panorama de una Cataluña diferente, pero a la vez idéntica a sí misma. Insisto, era lo previsible. Las ficciones crean relatos que aspiran a destruir la realidad. En ocasiones lo consiguen, aunque no es lo habitual. La realidad, hay que decirlo una y otra vez, constituye un principio potentísimo.

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