¡Sosiego, señores!

Mariano Rajoy repite con insistencia un lema que podría pasar casi por escurialense: “¡Sosiego, señores! ¡No hay de qué preocuparse!”; pero en el seno del Partido Popular la inquietud no para de agudizarse a medida que se acerca el mes de mayo. Las encuestas se empeñan en desmentir al gurú Arriola, quien sostiene que la economía es la que se encargará de llenar el saco de votos populares. Quizás sí  –este 2015 vamos a crecer al 3%–,  aunque no parece que los efectos balsámicos de la recuperación lleguen con la celeridad suficiente. Cada periodo electoral dispone de un ritual propio y, así como las europeas obedecen al modelo del voto disparatado y las generales al de la responsabilidad, las autonómicas y municipales propician la dispersión del voto útil y el castigo a terceros. Nadie duda que la corrupción va a desempeñar un papel a la hora de elegir una determinada papeleta, pero seguramente menos de lo que nos gustaría creer. Supongo que Arriola se refería a eso: han sido los recortes presupuestarios los que han castigado las expectativas electorales del PP y será el crecimiento económico quien lo va a impulsar de nuevo, una vez que España ya ha logrado alejarse del borde del abismo. Pura lectura de clase media acomodada, con la gran salvedad de que cada vez somos menos clase media y, por tanto, el factor sociológico resulta menos previsible.

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