Piketty en España

Thomas Piketty aterrizó en Madrid como un meteoro y con el sex-appeal de los grandes intelectuales franceses. Inteligente, tímido y provocador, debatió públicamente con Pedro Sánchez – ¿recuerdan cuando a Zapatero le asesoraban varios premios Nobel? –, se reunió con Pablo Iglesias y atrajo la atención de la prensa económica de la capital. Elogió a la nueva izquierda de Syriza y de  Podemos, quién sabe si porque cumplen una función de Pepito Grillo o por hartazgo con el inmovilismo de los partidos tradicionales. Desde Londres, Antonio Timoner Salvá, economista senior del IHS Global Insight, me comenta otra de las posibles claves: «Piketty realmente cree que su mensaje va a generar cambios estructurales y una renovación democrática. Seiscientas páginas tienen que servir para algo y él no quiere acabar como Hayek, a quien le llegó el reconocimiento en el asilo de ancianos». La vanidad de los intelectuales, digamos. Lo cual no excluye que debamos leer El capital en el siglo XXI, el libro del que todo mundo habla. Y hay que leerlo porque, a pesar de su dificultad, este apabullante ensayo ilumina la complejidad de un futuro económico que parece venir determinado por la ruptura de clases.

Continúa leyendo Piketty en España

El mal que funda la Historia

La violencia tiene objetivos claros, aunque sus límites estén poco definidos. Se dirige contra una persona, una etnia, unas ideas, una religión, una clase social…; pero, al igual que el viento, ejecuta su acción allí donde quiere. La violencia vuela al azar, polinizando con su carga criminal los lugares más recónditos. El vocabulario que emplea – libertad, justicia, reivindicación – contiene los valores positivos de una época que se ha especializado en tergiversar el lenguaje. Para los seguidores de Nietzsche la destrucción de lo que ya está muerto abría las puertas de un nuevo mundo, emancipado de las servidumbres de la Historia. No sólo del pasado, sino también de la realidad. Para el totalitarismo comunista – que hizo de la lucha de clases el eje básico de la política – el futuro exigía el sacrificio del presente, su cuota de muertos y de destrucción. En términos míticos, no es que Saturno devore a sus hijos, sino que son los hijos – nuestros deseos convertidos en un absoluto, nuestras ideas abstractas – los que pretenden aniquilar a los padres, que somos nosotros, los hombres concretos y singulares.

Continúa leyendo El mal que funda la Historia