Los falsos profetas

Inmersos en el Apocalipsis, abundan los profetas de la catástrofe. Los hay, incluso, que sueñan con que suceda cualquier tipo de desdicha – la debacle del Euro, la expulsión de Grecia, los siete millones de parados –, mientras vociferan contra los sensatos. El último que se ha sumado al griterío es uno de los economistas más reconocidos del siglo, Paul Krugman, que ha alertado de un posible corralito en España e Italia. En su particular campaña contra la UE, Krugman no está solo, aunque es el más solvente entre todos los que profetizan el hundimiento europeo. A la diestra, destacan figuras disparatadas como Roberto Centeno o el inefable Santiago Niño Becerra, cuyas dotes adivinatorias van en consonancia con sus conocimientos astrológicos. En Europa, se podrían citar además dos personalidades de gran predicamento mediático: Wolfgang Münchau, que colabora en la edición alemana del Financial Times, y el británico Ambrose Evans-Pritchard, cuyas columnas en The Telegraph se leen con devoción en los despachos de la City. Con una perspectiva diferente encontramos a Juan Ignacio Crespo – autor del estupendo ensayo Las dos próximas recesiones (Ed. Deusto) -, que se distingue, precisamente, por ser un hombre reflexivo que impregna de calma todo lo que escribe. Eso me recuerda que, en su acepción bíblica, la figura del profeta no responde tanto al personaje que anuncia calamidades como al que busca espacios de sentido en tiempos difíciles. Juan Ignacio Crespo sería un buen ejemplo de lo que digo, al igual que los economistas españoles que forman el núcleo de FEDEA con su insustituible blog Nada es gratis. Algunos de ellos son reformistas moderados, otros radicales; algunos se hallan más cerca de las soluciones conservadoras, otros de las socialdemócratas; pero todos se caracterizan por trabajar desde el horizonte común de la esperanza y de la regeneración. Me refiero también a un concepto del deber. De hecho, más que augures de la catástrofe, lo que se requiere son pensadores de la esperanza. Podemos considerarlo en términos históricos. A lo largo del tiempo, determinados marcos conceptuales han primado siempre: la apertura sobre el proteccionismo, las actitudes optimistas sobre las pesimistas, la independencia y calidad de las instituciones sobre el nepotismo y la corrupción.

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