Querido Marcelo

Yo no sé si se puede pintar un jardín ya que me lo preguntas, quizás sólo se puedan pintar las sombras, los ecos, el anhelo como dices o el olvido que sedimenta la memoria. Cuando recibí tu carta, el pasado lunes, escuchaba una de las músicas más delicadas que conozco: el Concierto para Piano nº 9 de Wolfgang Amadeus Mozart, en la interpretación de Alfred Brendel. Oía la música y pensaba en tus palabras y en las de Bobin: ¿cómo rozar la verdad? ¿cómo sondear el silencio que se clava en la carne del mundo y resuena como un eco, callado y mudo, detrás de las palabras? Recuerdo que, en un ensayo del Concierto para Orquesta de Béla Bartók, Celibidache le exigió a un flautista que dejara crecer el silencio: “Nunca hay suficiente silencio en la música”, creo que dijo el anciano director rumano. Así es, Marcelo: nunca hay suficiente silencio en la vida – tampoco en la pintura.

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Querido amigo Daniel

El próximo 8 de agosto inauguro en la sala Robayera. Me encuentro estos días con el ajetreo de preparar las obras, hacer la selección, fotografiarlas…y se me plantea de nuevo la cuestión de un posible texto para el catálogo. Podría pedirlo a algunos amigos,  pero solicitar que hablen de mí, de mi pintura, no deja de producirme una extraña sensación incómoda.

Así que pensé que bien podría ser lo que llaman un catálogo mudo, es decir sin texto. En última instancia esta opción dejaría las obras en ese espacio de silencio que pretenden.

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