La tierra de las sirenas

Es sabido que el Mediterráneo nunca se ha desembarazado por completo de la sensualidad griega. Trasunto de un mundo mitológico, en ocasiones primario, en otras misterioso, que acompaña al artista allá donde va, se puede decir que todos los que hemos nacido en este rincón del planeta, somos de un modo u otro hijos de Grecia. Es una consecuencia de la luz y de la sombra: de la espesura de ambos, quiero decir. Y sólo en Mallorca he visto una luz similar a la de Capri.

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